lunes, 25 de julio de 2016

El flamenco y el crecimiento personal, de la mano



FLAMENCURA

Flamenco-terapia para el desarrollo personal.

Presentación. La esencia

El flamenco y el crecimiento personal, de la mano

El destino nos hizo encontrarnos en la vida y se cruzaron nuestras trayectorias vitales y profesionales. Así nació este proyecto.


Un músico percusionista y un cantante del más puro flamenco, jerezanos, se topan con una psicóloga psicocorporal de orientación reichiana. Proceden de mundos profesionales aparentemente dispares, el mundo artístico, los escenarios, los tablaos, por un lado; del otro, el diván, la sala de dinámicas de grupo. Dos caminos aparentemente tan distintos se encuentran. Y convergen. Nace un intercambio. Se dan cuenta de que les mueve lo mismo, exactamente lo mismo: ¡ayudar a la gente!
“quiero emocionar, quiero que a la gente de a su alma la fuerza del flamenco”
“me gusta el flamenco, salvaje, sin ataduras, sin imposiciones”
“me siento en plena madurez personal y profesional, quiero transmitir”
“me doy cuenta de la importancia de conectar con nuestras emociones más profundas…”
Empiezan a acariciar la materialización de un deseo, una idea que les rondaba de hacía ya tiempo, sin forma definida, sin pulir, pero poderosa:

utilizar la fuerza del flamenco para ayudar.
 Hacer aflorar la expresión, aliviar tensiones y vitalizar.

Desde su arte, tanto Andrés Cabrales como Jesús López, llevan toda una vida de entrega al público, saboreando experiencias intensas en los tablaos, los escenarios, la diversas salas en las que han actuado, viendo cómo desde la autenticidad que ofrecen mueven el sentir de los presentes.


Su flamenco, al que califican de “salvaje”, “sin aditivos”, es verdaderamente puro. Su hacer muestra la esencia de un cante y un ritmo que nació en el pueblo como forma expresiva sin más, con el único fin de dejar salir emociones y sentirse mejor con uno mismo, para llegar a una liberación personal y grupal también. Una vieja gitana decía  “cuando canto, mi boca sabe a sangre”.  



Por su parte, Encarna Leiva, a partir de su especialización en terapia reichiana, trabajando la expresión de emociones con el cuerpo, ha ido acercándose a los mediadores artísticos, y en concreto, a la danza, como formas de acompañar al crecimiento personal y la expansión vital. Tras asistir a una clase de cante y baile flamenco, de Andrés Cabrales,  se le abre a un nuevo mundo que, dicho sea de paso, la hace conectar con sus raíces andaluzas.
A partir de aquí, con la ayuda de Isabelle Andreu, se inicia un proceso de estructuración y materialización, y aquí os lo empezamos a ofrecer.


Un poco sobre terapia…
Terapia psicocorporal
El “yo” primero es cuerpo. Todas las emociones se fraguan en el cuerpo y habitan en él. Podemos decir que históricamente el precursor de las múltiples terapias corporales que actualmente conocemos, fue Wilhelm Reich, dicípulo directo de Freud. Tras darse cuenta de que era mucho más importante el cómo decía las cosas el paciente que el qué decía en sí, inició su propia línea de investigación que lo llevó a desarrollar todo un paradigma. Sin extendernos demasiado, diremos que hablaba de la potencialidad pulsátil del ser humano, que se va acorazando y debilitando a partir de una serie de trabas en el proceso evolutivo. Para devolver al cuerpo la vitalidad perdida, con la capacidad perceptiva y de contacto que ello conlleva, estableció todo un trabajo de desbloqueo actuando con el cuerpo. La sistemática que aplicó llevaba un orden coherente, de cabeza a pies (céfalo-caudal), y pasaba por los diferentes segmentos corporales hasta llegar a la pelvis.




Segmentos corporales
Brevemente los citamos:
·         Segmento ocular. Ojos, nariz y oídos. Es el asiento del contacto a distancia y de las áreas de integración
·         Segmento oral. Boca, mandíbula y anexos. Se relaciona con el acceso al placer oral.
·         Segmento cervical. Cuello, tórax alto, brazos. Elementos pregenitales, se relacionan con el narcisismo.
·         Segmento torácico. Donde se asienta la identidad biológica, inmunitaria, la diferencia yo-no yo.
·         Segmento diafragmático. El diafragma es una bomba impulsiva que participa en la respiración, circulación, digestión, fonación. Su bloqueo se relaciona con el masoquismo.
·         Segmento abdominal. Comprende músculos abdominales, paravertebrales y vísceras. La funcionalidad de este segmento es la absorción energética, eliminación de residuos, y depuración del medio interno. Es el pasaje a la genitalidad.
·         Segmento pélvico. Incluye la pelvis como estructura ósea, la musculatura del suelo pélvico y las piernas. Una buena carga energética aquí nos lleva a estar bien asentados para “ir hacia” el mundo y relacionarnos desde la seguridad, de forma saludable.

El proceso terapéutico (desde la orientación reichiana)
Desde el nacimiento, e incluso en la vida intrauterina, por las circunstancias de la vida, podemos sufrir un proceso de contracción vital que nos hace perder energía, nos quita parte de la pulsación expansiva,  el goce de vivir. La terapia, incidiendo sobre los segmentos corporales a partir de “actings” neuromusculares que nos conectan con nuestra historia, produce cierto ablandamiento de la coraza, llevando de nuevo al cuerpo a un más fluido funcionamiento.



Mediadores artísticos
Nos ayudamos de herramientas convergentes, de diversos campos, para nuestro trabajo de devolver la pulsación vital al cuerpo. Dentro de ellas, la expresión corporal es tremendamente importante. Este trabajo siempre tiene en cuenta el movimiento orgánico, llamado también biofuncional desde el prisma reichiano. Nos acercamos a los cuerpos de una forma sensitiva. En palabras de Joaquín Benito, de la asociación Alfa Institut: “El movimiento orgánico, es el movimiento natural, fluido, armónico, libre y equilibrado. El movimiento propio de un cuerpo sano, libre de tensiones, bloqueos e inhibiciones. La manifestación de un cuerpo sensible, flexible y expresivo”.


Y sobre el flamenco…

La fuerza del flamenco
Haciendo un repaso de diversas disciplinas, nos ha llamado poderosamente la atención la fuerza del flamenco para movilizar y desbloquear.
El flamenco transmite alegría, ganas de vivir, pero también saca la rabia, saca el quejío, el llanto, la desesperación más absoluta. Todas las emociones tienen cabida en el flamenco, que ayuda a canalizarlas, les da forma, las ennoblece y las respeta. A todas, todas las emociones, lo queremos destacar. Nos permite conectar con la completitud del ser humano, con sus luces y sus sombras.
Bailando, tocando, cantando, entra todo el  ser, estremeciéndose. La voz sale profunda, la mirada se puede clavar, se hincha el pecho, pisan fuerte las piernas en un taconeado contundente. Y de la rotundidad podemos pasar al sinuoso movimiento de manos, que parecen flotar, la cadera que se contonea, el paso que se enlentece…
El flamenco ofrece la oportunidad de sentir la respetuosa mirada del otro. Nada como el flamenco para entrar en el “Yo soy”. El flamenco favorece este “mírame, estoy aquí, admírame”. La identidad se refuerza con el aplauso, el jaleo, la mirada cómplice, el sentido de pertenencia. Todos en el corro tienen su lugar, su espacio y su tiempo. Todos “forman parte de”.


“Hemos mamado el flamenco, nos hemos impregnado de su fuerza desde nuestra más tierna infancia, ¡desde la cuna!. Nos ha ayudado tanto, nos ha aportado tanto en los vaivenes de la vida, que ahora nos apetece, nos sentimos en la obligación, de transmitir esa intensa experiencia”.
Así es que ofrecemos este curso completo, o una muestra del mismo (ver ambos en www.facebook.com/flamencura.flamencoterapia). Un tránsito por los segmentos corporales de la mano del flamenco para el desbloqueo de los mismos y abrir la percepción. Que fluya el río de nuestra energía.
“Vemos cómo en sus sillas, aplauden, gritan, lloran o explotan de alegría. Vamos a enfocarnos en ellos, vamos a darles protagonismo”
“He visto cómo necesitan mover los brazos, apretar firmemente los puños, llorar, desgarrarse. Démosles la oportunidad”


Así surgió esta propuesta. Centrándonos en las personas. Lo dirigimos a todos aquellos que quieran conectar con su capacidad de expresión corporal a través de la voz y los ritmos flamencos, sintiendo las emociones. Para desbloquear tensiones y acercarnos al goce de vivir. No es necesario tener nociones de canto ni de música.

No vais a ser meros observadores que se limitan a aplaudir, no vais a ser alumnos concentrados simplemente en reproducir letras o ritmos. Os vamos a dar la oportunidad de entrar en vosotros, en ver qué resuena en vosotros a partir de las canciones, de la percusión, de los ritmos. Dejaros sorprender por el cuerpo, su movimiento, dejar salir de dentro a fuera a partir del despertar que os vamos a facilitar. Vosotros sois los protagonistas,
Vais a crear, vais a ser”.

“Abrid los ojos, experimentad con las miradas, las que se clavan, las esquivas, las que se niegan, las que imploran…”

“Vamos a despertar los cuerpos, a dar la oportunidad de adueñarnos de partes dormidas, silenciadas… Vamos a habitar nuestro cuerpo para poder decir bien fuerte YO SOY”
“vamos a dar fuerza a nuestras manos, a dejar salir la voz”
“vamos a permitirnos llorar y daremos libre salida al quejío”
“Vamos a vernos y ver al grupo, entraremos en ritmos conjuntos, aprenderemos a armonizar desde el contacto sensitivo, crearemos un todo y gozaremos por ser parte de ello”






martes, 28 de junio de 2016

shhhhh... Apología del silencio

Entro en él, movida por las circunstancias, a regañadientes, distraída aún por murmullos y conversaciones. Entro, sin yo querer. Y aún entrando, mirando para atrás por no alejarme de pitidos, motores, risas y llantos, charlas sobre uno y otro tema, martilleos, tecleos, caminares, aspamientos. Giro la mirada y entro. Ya estoy. Aún tengo en la cabeza el poso, como un eco. Me sacudo. No lo quiero, me he dado cuenta de que me molesta. He entrado y de vez en cuando miro atrás de nuevo, como buscando un amparo, un agarre, un puntal, una mano que me estire, o me retenga, un requerimiento al que responder. No los hay. Desisto y entro. Yo no quería, pero aquí estoy.
Se acallan sonido y movimiento. Atrás quedaron las voces. No hay nadie más, sólo yo. Estoy quieta, tengo miedo. Sola quedo, sola me siento. Nadie más, nada más.
Y me llega el latido rítmico del corazón, la sangre bombeada que recorre mi cuerpo con sus ríos serpenteantes. Noto el calor que produce. Me hormiguean las manos. Una, dos respiraciones, tres, reparando en ello, tomando conciencia del pulsar, entrando en mi. Soy yo. Duele la zona entre las costillas, ¡duele!. Pero nada puede distraerme de ese dolor y en él me quedo. Es como una bola, un nudo ahí, bajo el pecho. Se me ocurre verlo de color gris. Y pongo la mano encima. Es mío, mi nudo gris entre las costillas. Ese nudo viejo conocido al que apenas he permitido asomar en mi vida. Ahí está, impidiendo algo, bloqueando una libre pulsación. Pero es lo que hay. Sí, en mi centro, ese núcleo del que tanto se ha hablado y teorizado. ¡No!. No quiero teorías, quiero sentirlo tal cual es, tal cual se manifieste en mí, con sus matices y sus particularidades. Me apetece que me llegue en toda su crudeza, quiero conocerlo. ¡No! ¡Tengo miedo!. ¿qué es ese miedo?. Tiemblo un poco, aunque me alivia sentir el bombeo continuo del corazón, reparo en ello. Bum, bum, bum, el ritmo que no cesa. Veo que tomo aire, y me lleno, y me vacío. Soy yo, estoy viva. Y esa es la vida que vive en mí. Soy mis manos vibrantes, mis pies calientes, soy también mi respiración entrecortada y... ese nudo.

Ya llevo un rato, instalada en él, en el silencio. Y ahí la acción vibrando, la vida latiendo. Shhhhh, silencio. Que es pausa, que es contacto, que es necesidad. ¡Silencio!, que me quiero seguir escuchando de verdad, que quiero sentirme, que me estoy haciendo conmigo.

Entré en el silencio movida por las circunstancias. Lo agradezco.







domingo, 24 de abril de 2016

del camaleón al jilguero

Estaba paseando en muy buena compañía. La mañana invitaba al paso tranquilo y al disfrute, a parar a oler, a mirar al cielo despejado y sentarse a escuchar los cantos alegres de los pájaros. La mañana llevaba al abandono, a la contemplación y al perezoseo. Notaba hundirse un poquito, bajo mis pies, la tierra húmeda de lluvias recientes, sentía el frescor en la cara, el despeje del agua caída... Bienestar... bendito bienestar...
En un momento, ahí, cerquita mío, se plantó, casi descarado. ¡Míralo!, un... ¿cómo se llama?, ¿cómo era?, sí, mi abuelo lo llamaba "colorín"... Un... ¡Eso!, ¡un jilguero!. Agarrado a la rama, liviano y juguetón, se permitió rápidos movimientos, casi exhibicionistas. Parecía que quería que lo viera bien. Hacía mucho que no veía uno de estos pájaros. Los recuerdo bastante de niña, cuando mi abuelo los tenía en jaulas, cosa que no me gustaba nada... Ahí, delante de mis narices, a escasos metros, uno de esos. Lo observo sorprendida y cauta me acerco un poco más. No parece temerme, más al contrario, quiere regalárseme. Se sacude juguetón y me ofrece sus colores, ese poco de amarillo, ese tanto de negro, la manchita colorada... "Colorín te llaman también". Sencillo, pequeñito, suelto y presumido, disfrutando de ser... Colorín que me saluda y me trae otros olores, otras tierras, otros acentos... Y, por supuesto, otra sorprendente, gratificante y vibrante forma de estar en el mundo. Sé de su canto también, potente y expansivo.
Soy Encarna Leiva Prados, hija de Paco y de Pepita, y nieta de Manuela, José, Encarnación y Frasquito José. Soy psicóloga terapeuta de orientación reichiana. Soy hija de una peluquera y un trabajador en la cadena de montaje de s.e.a.t.  ¿A santo de qué viene ésto?. ¡A santo de mostrarse!. Me ha apetecido hacerlo. Eso es.
He hablado mil veces de la disociación y de los hiperadaptados. He hablado de cómo utilizamos determinados mecanismos de defensa para sobrevivir, y entre ellos, he destacado en muchas ocasiones la capacidad disociativa de los seres humanos. Cómo encapsulamos sentimientos, cómo arrinconamos emociones, como vivimos vidas en compartimentos sin integrar, ¡cómo nos escondemos!. He hablado mucho de camaleones, bello animal, tan diferente al jilguero... Camaleón, que toma el color del ambiente, siempre alerta, que cambia constantemente, que esconde su belleza en pos de la superviviencia. Camaleón que es y deja de ser, que se encoje, se congela, se tiñe, se transforma... y no se ve. Como nosotros en tantas ocasiones. Claro, para que no nos hagan daño, no nos hieran, no vayan a por nosotros... Normal... Pero ¿saludable?
Llega un punto en que uno puede llegarse a dar cuenta de que se paga un peaje demasiado caro, que el gasto de energía empieza a ser alarmante y que la vida no fluye como debiera. Llega un momento en que, si tomamos contacto con nosotros mismos, sentimos que a lo mejor nos hemos pasado un poco, y que queremos que nos vean, queremos compartir, mostrarnos y disfrutar con la gente.
El colorín se me regaló. No era vanidad, era alegría de vivir. Luego emprendió el vuelo, travieso, despreocupado... Y me dejó agradecida, sintiendo formas de vivir que también son posibles... 'Vibrante forma de estar en el mundo!






domingo, 17 de abril de 2016

y un, dos, tres, cuatro... (el ritmo)

Como me han dicho hace poco, dile al cienpiés que nos explique cómo se las apaña para caminar. En lo que se pare a analizar, seguro, se liará con sus tantísimas patas.
Estoy llevando el ritmo con las manos y los pies en un curso de flamenco. Al lado, una chica está mirándome y tratando de copiar. Al final me pregunta: ¿cómo se hace, tres palmadas y una con los pies?. Me quedo parada, me he puesto a pensar y ya he perdido el compás. Salgo del paso y le contesto "no lo sé"... No sé, francamente, cómo lo hago. Me mira con cierta frustración. Me había dejado llevar, simplemente eso, había observado un rato y después, como en volandas, había entrado en ese ritmo común creado en el grupo. Ahí estaba el cantaor, totalmente entregado en sus coplas, mostrando diferencias entre soleá. soleá por bulerías, y bulerías. Su enseñanza, con la práctica, su ejemplo dejándose invadir por el sentir. Ahí estaban los alumnos, algunos tratando de seguir con el alma, otros, con la cabeza.
Y me viene reflexionar sobre el ritmo, sobre todos los ritmos, desde los primeros... Desde la pulsación de dos células que se hicieron una, "pum, pum, pum, pum", tensión, carga, descarga, relajación...el latir de la vida, que se traslada al bombeo continuo del corazón... "un, dos, tres, cuatro...", expansión, contracción, movimiento que se acentúa, que marca la armonía de los seres animados. Seres, pequeños seres fuimos, en crecimiento, llevados por los ritmos. No había linealidad en nuestro desarrollo, había un pulsar. Y fue muchísimo antes de que el córtex se desarrollara.
Imagino a las células, aumentando de tamaño, especializándose, adquiriendo formas variadas dependiendo de su función, con el "pum, pum, pum, pum" de fondo, sintiendo de alguna manera esa música que las lleva a multiplicarse. Y más tarde, ya conformados en pequeños seres, con nuestra forma humana, con las extremidades, la cabeza, el tronco... empezamos a oír, en el vientre materno, el latido del corazón del ser que nos alberga. El oído, el primer sentido que se desarrolla, dicen, va incorporando su primera música, el latir sin cesar, reconfortante, reasegurador. Y vienen otros ritmos, otros movimientos que se superponen, mezclándose, creando un todo colorista, aparentemente caótico tal vez, pero con una gran coherencia que da bienestar, que produce confianza básica. Ritmos... "un, dos tres, cuatro...", que crecen en complejidad y se aceleran o frenan, suben y bajan, van... y vienen... Ahí nosotros, seres humanos, formándonos a partir de ello, teniéndolos como fondo, sosteniéndonos en ellos, meciéndonos, para... vivir.
Y ese ser, sintiente, que no pensante, se abandona al vaivén... Y así debería también ser el nacimiento, ese abandono a ritmos de contracciones que llevan al desplazamiento por el canal del parto. Y un, dos tres, cuatro, tensión, carga, descarga, relajación... Ritmos, ritmos, que se sienten desde dentro, que nos empujan a salir, una y mil veces. Del vientre materno, del cobijo de nuestros padres al inicio de la socialización, de casa, en la adolescencia y edad adulta...
Ritmos comunes... en las relaciones, en los bailes de la vida, entradas en oleajes energéticos que nos llevan a actuar armónicos, creando un todo entre muchas individualidades... Ritmos en el encuentro sexual, cuando dos cuerpos se funden en el abrazo genital...
Y ritmos... que se entorpecen, también, cuando entra a destajo lo que no toca, cuando se desajusta el tempo necesario y se violenta el proceso. y se entorpecen, y mucho, cuando desde el córtex, la última capa de cerebro, la que se formó más tarde y se encarga del razonamiento, quiere tomar el mando absoluto anulando todo el trasfondo preverbal. 
Para, para, le hubiera dicho a aquella chica, escúchate a ti, entra en ti y no mires para fuera. Apaga el razonamiento, fluye, déjate llevar sin miedo... El ritmo, ese ritmo interno, esa fuerza de la vida, aparecerá. Usa el alma, no la cabeza...






(desde aquí, gracias, Jesús, y gracias Andrés, por tu taller "Jaleando")


domingo, 27 de marzo de 2016

niño herido...

(Se lo quiero dedicar a ese otro niño herido, ya hombre, el que, desde su propio desgarro, me hizo el mejor de los regalos).

Apareciste poco a poco, entraste lentamente, desviando la vista, acercándote sigiloso. Una mirada furtiva y te fuiste a sentar al fondo de la sala, girado hacia la pared. Me senté a una distancia prudencial, ahí donde sentí que no te incomodaba, y esperé un rato. Tus ojos de nuevo, rápidamente, se cruzaron con los míos. Un flash, casi nada, pero tanto... había tanto ahí... Fue una súplica, un "¿me vas a hacer daño?", un "estate conmigo", un grito. Te escribo hoy, niño herido, a raíz de ese instante que me atravesó y se quedó grabado. Dos miradas, dos almas, dos cuerpos, compartiendo un espacio y un tiempo. Nada que ver, apenas nada que ver el uno con el otro. Tú iniciando la vida, yo ya en su mitad; tú a ramalazos y borbotones, yo ya con más pausa que prisa; tú a seguirme, yo a indicarte... Dos planos en un mismo espacio, en un mismo tiempo. Dos planos que se encuentran, apenas algo. Y en ese "algo", la esencia de la vida, niño herido. La esencia de nuestras vidas, la tuya, la mía.

Porque mis ojeras toparon con las tuyas, y mis guerras y tus guerras se fundieron en la profunda sensación de opresión injusta... y la rabia... y la pena que eso conlleva. Yo ahí estaba, con lo mío, ¿te creías que no, niño herido?, ¿me pensabas tranquila y feliz?, no... Y lo sabes, niño herido, en el fondo de ti lo sabes perfectamente. Yo ahí estaba con mis cicatrices, y con algunas roturas y rasguños, algunos tan recientes que sangraban. Yo ahí estaba, sentada, en esa prudente distancia, con mis pesos del pasado y del presente, con mis amores y odios, mis dudas y mis verdades. Ahí estaba, con mis desgarros y sus ciertas reparaciones; habiendo sufrido sed y hambre, como tú...
Vale, sí, nutrida también, cierto, porque la vida me ha dado, me ha hecho sentir que tengo, y que por ello puedo dar. Sí, con más sujeción, para poder ayudarte a ti a sujetarte, sí, con más trabajo hecho, porque con mis años me ha dado tiempo. Es verdad, estoy en posición de poder ayudarte, en posición de poder sostenerte, de ofrecerte esa mano más firme para que la tuya, desconfiada, se agarre.
Pero querido niño herido, ni a ti ni a mi nos recibió el mundo con respuestas sensitivas, adecuadas a nuestras demandas, a ninguno de los dos supieron mirarnos nuestros mayores para adaptarse a lo que necesitábamos. No recibimos el apoyo incondicional, el acompañamiento perfecto, el absoluto respeto a nuestros ritmos. No, no fue así, como sucede en miles de casos, es verdad. No fue así y nos vimos, nos vemos, abocados a mendigar amor, y luego a enfadarnos porque no lo recibíamos, y más tarde a entristecer o a ignorar, disociando.




Pero, ¿sabes?, ya hace muchos años que a mí me acompañan en un largo proceso para desbloquear lo bloqueado, para abrirme al goce de la vida y reaprender a disfrutar. Y siento que va dando sus frutos, que vale mucho la pena, y que, como tú has dicho (sí, lo has dicho tú, y me encanta), "lo mejor está todavía por llegar". A mí, a mi edad, me ha venido pasando así, abriéndome a la vida, ésta se ha encargado de ofrecérseme de la forma más sorpendente. ¡Vaya regalo!. Querido niño herido, ¿sabes?, confío plenamente en tus capacidades, sé ver el potente cachorro humano camino de convertirse en un fuerte joven. Dame la mano, no temas. Te acompaño a la puerta de salida para despegar el vuelo. Sé que la vida desea que la vivas, que está esperándote, ansiosa porque la experimentes, te adentres en sus entrañas, la saborees y le des los mordiscos que le quieras dar. Ya... ahora te parece lejano, casi imposible... Dudas muchas veces y te enroscas en ti mismo, con una queja, un mohín, un "estoy cansado...". Bajas la cabeza, se te encojen los hombros y se te hunde el pecho. No, no te rindas querido  ¡Que tú puedes!, Confía, tú puedes y vas a hacerlo.

Fue mágico, tras ese momento, ese cruce, esa empatía que trascendió lo entendible, una sonrisa tuya, otra mía. Surgió la sensación de tener en común algo que une irremediablemente.
Porque, querido niño, tu herida también ha sido la mía.

 Desde ahí, y no desde otro sitio, te acompañaré a volar.

lunes, 8 de febrero de 2016

¿Que quién soy? soy quien tú quieras. Inclasificables hiperadaptados

Absolutamente adecuados para los ambientes que se les van presentando en la vida. Saben estar, se los encuentra siempre con la indumentaria que toca, haciendo lo que se supone que deben hacer. Su máxima, que la aplican en todo momento, "donde fueres, haz lo que vieres" (castellano antiguo). Y así andan, completamente al caso de que ahora se llevan las pajaritas para hombre, con pantalones dejando ver el tobillo, y que las mujeres utilizan en sus desplazamientos "casual", masculinos zapatos de cordones. Saben idiomas, son educados y tienen conversación amena. Conocen los temas, ya sea sobre violencia de género, calentamiento global o cómo hacer una buena paella. Se los ha visto campechanos en reuniones informales familiares, se los ha visto concentrados en el trabajo, se los ha visto en el bar riendo chistes obscenos, gritando en el estadio, bailando en el concierto de rock del grupo de moda, y relajadísimos en la clase de pilates, estirando musculatura... Han viajado, han probado las delicias gastronómicas de otros países, y las costumbres de otras culturas. Sus acompañantes se han exclamado de lo bien que se han hecho a los nuevos sitios, qué pronta adaptación. Ni "jet lag" tienen... Han celebrado Halloween, y "la Castanyera". En su casa sus hijos reciben juguetes de parte de Papa Noel y de los Reyes Magos. De no hace mucho han pasado de hacer galletas en casa, a preparar "cookies". Salían con sus deportivas para el "footing" diario, y ahora hacen "running"...
Sonríen, suelen tener el semblante risueño que invita a ir a hablarles, a llamarlos a nuestro lado para disfrutar de su agradable compañía.
Sus ropas, correctas, en absoluto llamativas, su peinado, sus complementos, lo mismo. Huelen suave... Parecen estar en harmonía absoluta con lo que les rodea, como en un baile delicado y hermoso.
Y se inicia la conversación con ellos...Salen temas, se habla de ésto y de lo otro... y ahí está el interlocutor, teniendo razón, viendo como el otro se la da... Se adaptan al ritmo del otro, a sus dejes, a sus expresiones... Vaya... Se adaptan, ceden, comprenden, asienten... Y el interlocutor empieza a incomodarse, ¿dónde estoy yo?, ¿dónde está él?, ¿quién es él?... No lo encuentro, no lo hallo. Y siguen hablando, y ya no es lo mismo, el bienestar se transforma en una vaga sensación de incomodidad, una vaga inquietud, y hasta cierta agresividad...

Y, al final, la respuesta, intuida, el mensaje terrible que recibe el inerlocutor, no hablado, pero no por ello menos evidente: "¿Qué quién soy?. soy quien tú quieras".

Como el humo, etéreos, perfectos actores en un mundo diverso... Inclasificables, hiperadaptados






 
 
 

martes, 26 de enero de 2016

El proceso de maduración del "cachorro humano"



Recupero aquí un resúmen de mis apuntes en la formación de Especialista en Intervención Preventiva, (Ecología de Sistemas Humanos) de la Escuela de Terapia Reichiana. Estos conceptos ha sido varias veces expuestos en charlas y grupos de crianza, pero siento de interés volver a sacarlos aquí a la luz, dada la cierta receptividad que percibo, desde varios sectores, para entender qué sucede con las fases del desarrollo y cómo nos situamos en torno a la crianza.

Así pues, inicio con una cita:

“Dando crédito a las palabras de Van Gogh cuando escribía el arte es el hombre agregado en la naturaleza, podemos afirmar que Wilhelm Reich fue un artista y un investigador del arte; porque toda su vida, reflejada en su obra, fue un intento por descubrir las leyes funcionales del animal humano y los medios para recuperar su naturaleza específica”. X.Serrano y M. Sánchez Pinuaga, “Ecología Infantil y Maduración Humana”.

Exponemos a continuación brevemente, y tal como se manifiesta en el título, el proceso de maduración del “cachorro” humano. Partimos del legado de Wilhelm Reich y consideramos que para estudiar al hombre, al niño que se hace hombre, hemos de tomar una visión integral y englobarlo en la naturaleza para seguir el sentido propio de nuestra especie. Lo humano y lo natural forman un contínuum. Ciertamente, el hombre pierde su naturalidad en pos de lo social, pero eso le lleva a la enfermedad.

Pensamos que la salud es una utopía y que las dinámicas que se llevan a cabo en la sociedad actual, por la rigidez, la falta de contacto con los ritmos naturales, la prevalencia del miedo y el individualismo, no nos acercan a esta anhelada salud, entendida tal y como la OMS se encargó de definirla.


Consideramos que la maduración sigue una lógica funcional, la naturaleza no es mecanicista, los procesos vivos no son rígidos. Destacamos, para esta breve exposición del proceso de maduración del mamífero humano, los siguientes conceptos clave para entender nuestra teoría: estructura de carácter, biopatía, teoría de los tres cerebros, maduración céfalo-caudal.

Por estructura de carácter entendemos la forma en que se ha organizado un individuo, cómo le llega el mundo y cómo es capaz de interactuar con el entorno y consigo mismo. Entran aspectos bioenergéticos, psíquicos, caracteriales y musculares. Depende la estructura de carácter de la predisposición constitucional, el metabolismo energético, las relaciones familiares infantiles, los bloqueos musculares, el funcionamiento neurovegetativo y la realidad actual del sujeto.

Reich introdujo el término Biopatía para referirse a alteraciones globales del organismo. En palabras del propio Reich: “es una patología con origen en una disfunción (contracción) del sistema nervioso autónomo que altera toda la función biológica de la pulsación plasmátia del organismo”. El organismo está totalmente implicado, aunque algunos segmentos estén más afectados que otros. A nivel celular encontramos una situación de retracción, un terreno energético deficitario.

La teoría de los tres cerebros es una aportación que recogemos de McLean. El encéfalo está estratificado evolutivamente en tres niveles. La parte más antigua es el r-complex o complejo reptiliano, encima se desarrolla la corteza límbica, que es común en los mamíferos primitivos, y sobre ella está el neocórtex, que empiezan a tener los primates y, mucho más desarrollado, el ser humano. El r-complex se relaciona con lo instintivo, la afectividad y la emoción están en el límbico y los procesos cognitivos superiores se sitúan en el neocórtex.
 
Maduración céfalo-caudal hace referencia al proceso de desarrollo del ser humano, de la cabeza a la pelvis. Cuando nace un bebé su cabeza es grande en relación al resto de su cuerpo, así también tiene mucha más funcionalidad: la boca le permite mamar con fuerza, puede oir, puede ver... pero sus movimientos son todavía torpes. Poco a poco se irán integrando las manos, el cuerpo entero.
 
Período crítico biofísico. (hasta final del primer año de vida). La energía está concentrada en los primeros segmentos (ojos, boca). Es un período delicado de desarrollo del ser humano. Nacemos frágiles, necesitamos un período de unos nueve meses más de cuidados prácticamente como si estuviésemos en el útero materno. Esa fragilidad también nos permite una gran plasticidad. En el momento del nacimiento las neuronas corticales están muy separadas y hay pocos brotes dendríticos, es decir, hay pocas interconexiones entre ellas. Interferencias exteriores (ambiente agresivo) perturban de forma considerable el trabajo de integración interneural. El nivel de carga energética del primer segmento modula estas interconexiones entre neuronas, que serán la base del ser humano pensante con conciencia de lo que siente. Sin contacto maternal se ha observado que se reduce la arborización dendrítica.
 
Fase oral primitiva (de 0 a 3-4 semanas, parte también de vida intrauterina). Existe predominancia del cerebro reptiliano. Gobiernan los instintos, lo neurovegetativo. “ Es bien sabido que, en el hombre, por la extraordinaria prematuridad de su nacimiento, este periodo de troquelado o de urdimbre tiene una importancia mucho mayor que en el resto de los animales. Hay en el momento de nacer tres inmadureces básicas: la de su sistema nervioso, la inmadurez inmunológica y la inmadurez enzimática”. Carballo, 1972, citado en “Ecología infantil y maduración humana, de Xavier Serrano y Maite Pinuaga. Experiencias distresantes en este periodo configuran las características propias de una Estructura Mimética-Psicótica. En este caso, cuando ha habido un fuerte impacto agresivo del medio (madre ausente, poquísimo contacto con la madre, pocos cuidados, enfermedades, ingresos hospitalarios...), no hablamos de carácter, porque el sujeto no va a poder organizar un “yo”. Los primeros segmentos están alterados, existe poca vitalidad y el sujeto tenderá a mimetizar con el ambiente. Cuando se descompensa el equilibrio estructural aparecen las biopatías primarias, enfermedades graves, que, como hemos dicho, afectan al organismo en su totalidad, son degenerativas.
 
 
Fase oral primaria (de 4ª semana hasta 1 año de vida aprox.). Es un período biológico de maternage. Aquí se conforma la primera identidad biológica. Se desarrolla el sistema límbico. Pasamos a lo neuromuscular, el cuerpo va adquiriendo más autonomía, se puede mover más y con mayor control. “Todo recién nacido tiene su propia individualidad, su nota emocional peculiar y es preciso conocer esa nota si se pretende comprender sus reacciones emocionales.- Reich,1948-. Es lo que Navarro describe como yo biológico, que va dando paso al yo psíquico-identidad del yo”. X. Serrano y M. Sánchez Pinuaga, “Ecología Infantil y maduración humana”. Experiencias distresantes en este periodo configuran las características propias de una Estructura Nuclear-Fronteriza con núcleo psicótico, con muy poca o nula satisfacción oral. Descompensaciones en el equilibrio que puede alcanzar el sujeto (siempre tendemos a la supervivencia y buscamos compensar como sea) pueden llevar a biopatías secundarias, enfermedades también degenerativas como las del grupo anterior, pero con mejor pronóstico ya que el indivíduo tiene mayor carga energética.

Fase oral secundaria (de 12 a 36 meses aprox.). La energía baja a los segmentos siguientes: cervical, torácico, diafragmático, abdominal (en éste último ya se produce el pasaje de la oralidad a la genitalidad).

Adquiere funcionalidad el neocórtex, necesario para la posición erecta. Nos da la dimensión espacio-temporal. Ya tenemos la posibilidad de realizar procesos cognitivos superiores (representaciones, simbolizaciones, razonamientos)

Una aportación posreichiana considera que aquí existe la primera diferenciación sexual: tener o no tetas.


La figura del padre se hace cada vez más presente.

La represión y conflictos en este periodo dan lugar a mecanismos de defensa psíquicos y musculares que configuran la Estructura Nuclear-Fronteriza con núcleo depresivo. Existió cierta satisfacción oral pero hubo una brúsca pérdida de ese contacto (un destete...). Las alteraciones, que ya no son biopatías, son enfermedades somatopsicológicas. Se huye de la angustia a través de la enfermedad, el cuerpo habla a través de ella.

La base genuina del "fronterizo" es la ambivalencia, que es lo que vivió tempranamente, por ejemplo, con la desaparición brusca del pecho, pero no de la madre, presencia intermitente de la misma, etc. Esto provoca mucha rabia contra un elemento al que no se puede agredir porque se lo necesita. Es el momento de una gran funcionalidad energética de la boca, los otros segmentos se van añadiendo pero la boca ha sido la zona de conexión con la vida, la que ha ido ayudando a integrar el entorno mediante el tacto de los labios, el gusto, el alimento... Si hay frustración de base, el proceso de separación-individualización, la autonomía, en definitiva, no se va a poder trabajar bien. Esta frustración produce bloqueos musculares, en los ojos por ejemplo, donde hay fuerte tensión. Es frecuente la rabia oral, la destructividad.

La etapa anal y fálica, son reactivas, son “normales” pero no se dan en un proceso de desarrollo saludable.

“La primera integración que hemos de alcanzar es la propia, y se cimentará en el hecho de sentir el cuerpo entero, de identificar la totalidad que somos. De esta primitiva realidad corporal trascenderemos hacia otras más simbólicas y sociales, pero el Yo primero es cuerpo”. María Montero-Ríos en “Saltando las Olas”

Fase genital (de 36 meses a 6-7 años)

Debería darse aquí una funcionalidad armoniosa del córtex, el límbico y el cerebro reptiliano. La energía baja a la pelvis.

Hay una identificación con el progenitor del mismo sexo y atracción hacia el progenitor de sexo contrario. El niño necesita mostrarse y que se le reconozca.

Entramos en lo social. El niño necesita oportunidades para la satisfacción sexual con sus pares, ir más allá del autoerotismo.

El complejo de Edipo, no se daría en una sociedad saludable. En la Es.Te.R. se habla de un Edipo Positivo Referencial como forma de facilitar al niño la referencia paterna pero sin anular, dejando libre la expresión. Los progenitores deben tener una identidad sexual definida y asentada para facilitar este proceso a sus hijos.

La represión en esta fase da lugar a la Estructura Adaptativa-Neurótica.
Si se imponen importantes trabas en el desarrollo del individuo aquí, pero medianamente ha vivido en un ambiente acogedor y ha tenido un buen maternage, el sujeto ha podido estructurarse y ahora tiene fuerza para realizar un proceso defensivo que le permita sobrevivir en su ambiente.

Son cuerpos de alto tono, hipoventilación, tendencia a las contracturas, placer limitado y roles bien asumidos. El neurótico tuvo su “gran problema” en la época edípica (3 años aproximadamente), cuando existe el descubrimiento del cuerpo, de la sexualidad. Por trabas, represión, en las manifestaciones de sus pulsiones (masturbación, interés sexual, conductas seductoras...), el Edipo no se resuelve, hay una fijación, se agarra el sujeto a pseudo compensaciones, y eso le permite no sufrir mucho, aunque tampoco sea mucho su goce... En su realidad actual, el neurótico es un ser adaptado básicamente, que vive su vida con “normalidad”.

El carácter sano, genital, es una utopía.

En relación a la entrada a lo social, y ya que la escuela juega aquí un papel tan importante, ofrecemos algunos apuntes acerca de la Educación: (sobre “Summerhill”, de Neill, expuestos por Inma Serrano y Jordi Martínez, de “Donyets”)

- El concepto de autorregulación
- Libertad es diferente a libertinaje
- Autoridad: anónima, evidente, natural

- Programas:lineales,circulares, flexibles

Autorregulación es un término elaborado por Reich, que contrapone al concepto de sublimación. Reich considera que el niño puede crecer sin que se le imponga una moral porque es naturalmente bueno. Las pulsiones destructivas son secundarias, fruto de la represión de instintos naturales que deberían respetarse. Igual que la naturaleza se autorregula, igual que lo hacen plantas y animales, así el niño, si lo dejamos, sabe igualmente qué cantidad comer, abrigarse o no según siente, correr si hay peligro, etc.


Libertad vs libertinaje. Defender la libertad puede llevar a malos entendidos y hacer pensar que es dejar al niño que haga lo que quiera siempre y en todo momento. La libertad que tiene el niño por derecho no está reñida con lo que llamamos límites estructurantes. El adulto no ha de delegar en el niño responsabilidades, decisiones, para las que no tiene madurez. El adulto ha de acompañar al niño en su crecimiento. El niño, a la par que es respetado, va aprendiendo a ver y a respetar al otro.

Autoridades diversas. La autoridad evidente era la que se usaba en nuestras escuelas hasta hace una generación más o menos Hoy, en educación, existe una autoridad anónima, que es sutil, que es muy peligrosa porque hace creer al alumno que es libre. Es la autoridad del que seduce “para llevar a su terreno” al seducido. Los niños aprenden contenidos adulcorados sin plantearse si realmente son importantes para ellos. Por el contrario, la autoridad válida sería la natural, la que viene por méritos propios de la persona que la ejerce. El educador puede tener autoridad porque es un adulto maduro con recursos y capacidad para acompañar al niño, desde el respeto y la confianza en su desarrollo. Esta autoridad te la dan, no la impones artificialmente.

Programas lineales, circulares, flexibles. La educación convencional se ha basado en programas lineales, con sus temarios y objetivos. Poco a poco se ha ido introduciendo un modelo en espiral, que considera que no aprendemos en línea sino en círculos que se van agrandando. Inma Serrano y Jordi Martínez, de Donyets (escuela libre vinculada a la Es.Te.R., Valencia) exponen como más adecuado y real un proceso de aprendizaje en el que se van siguiendo trazos caprichosos, de inicio y final no definido, de recorrido aleatorio. Así aprenden los genios, así es como los niños, si los dejan, empiezan a experimentar con el mundo. Es la forma en que el conocimiento y el trabajo van unidos a lo lúdico, al placer.