Querido, querida, masoquista... Aunque no sé si llamarte así porque me harás daño... Ya pasa, ya, es tu forma de funcionar, hacer daño a los que te quieren...
Querido, querida, masoquista, digo... me viene escribirte ésto, quiero desenmascararte... me apetece... me has cansado tanto, confundes tanto, eres tan sutil...Veo tus lamentos, tus llantos desesperados y tus quejas constantes. Lo de la vida como valle de lágrimas es tu máxima y no escatimas momentos para recordarlo, justificándote con mil y una situaciones lamentables. Te observo, en las descripciones de tu día a día gris y terrible, en tus narraciones de las desgracias que te han acontecido, y voy viendo cómo te creces, sí, a medida que lo que explicas se va convirtiendo en terrible... Lo vas convirtiendo tú, por cierto. Y los que te rodean se hacen pequeñitos, se quedan chupados, gastados, flojitos... ¡qué fuerte eres!. He visto cómo, al revés del rey Midas, transformas el oro, lo precioso, en vulgaridad. Tienes ese don... Ya sea un bello paisaje, una velada entre amigos, un baño, una sabrosa comida... Entras tú y lo transformas... se deshace lo que podía parecer una ilusión... ¿lo era?. Estás ahí, buscando cómplices de la maraña que vas creando, enredados en tu victimismo. Te observo, y sí, veo que te creces ante cada nuevo contratiempo: un atasco, una complicada reunión, la enfermedad de tu familiar, la tuya... Te vas creciendo cuando sientes que te hacen daño, algunos, muchos, en los que provocas una gran agresividad. Te hieren, te vapulean, y tú, surgiendo más potente aún, los descolocas, los desarmas, los desesperas... Se te van a enfrentar y ¡zas! los tiras para atrás con tu cara triste, con pose indefensa, tu apariencia frágil e inocente...
Querido, querida... años y años de hacerte daño, de sentirte honrado y crecido, enaltecido y superior a todos los demás. Años y años de soportar estoicamente lo que se te presentara, y de ir a buscarlos en caso de no tenerlos, toda clase de obstáculos y dificultades. Años de ir mirando a los demás por encima del hombro, considerándolos pobres vulgares, que lloran, ríen, sufren y aman, y disfrutan la vida, todo lo que pueden. Tú no, tú no puedes, serías débil, ¿verdad?, ¿qué sería de la energía de la que te alimentas si buscaras el placer?
"yo puedo, yo me machaco, yo seré vuestro esclavo si hace falta, y me nutriré del desprecio, el más absoluto de los desprecios, hacia vosotros... "
Y el mayor desprecio, el más terrible, es sonreír al atacante, es no permitirle la lucha. Es entregarse a la tortura si hace falta ("Santo y mártir", ale, mejor que mejor...)
Míralo, anda, ya toca, míralo, atrévete. Mírate en el espejo y observa el gran sadismo que hay en ti. El sadismo con que te tratas, que no te dejas disfrutar... el sadismo con el que puede que te vayas matando poco a poco, día a día, si no te das cuenta... Estás a tiempo, quizás si puedas, dejar salir a la vida que quiere vivir en ti, de verdad, a la del goce sin más... quizás sí. Y el primer paso, querido, querida, masoquista... mira, ¡mira tu sadismo!
contenidos relacionados con el cuidado del cuerpo y el movimiento desde un punto de vista bio-funcional, siguiendo el paradigma que estableció Wilhelm Reich. Una visión integral de las personas desde la "Ecología de los Sistemas Humanos" (Escuela Española de Terapia Reichiana). Buscamos sobre todo, como objetivo, hacer reflexionar acerca de lo saludable y lo que no lo es, entendiendo como saludable lo vital, lo energético, lo que pulsa.
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viernes, 22 de mayo de 2015
miércoles, 29 de abril de 2015
"Las 50 sombras de Grey" y el sadomasoquismo ( a falta de pan... ¿buenas son tortas?)
Hace un tiempo escribí por aquí acerca de lo que presagiaba esta película, y llevaba a la reflexión a partir de otra, que podía ser su predecesora, la de "9 semanas y media".
Hace ya días que vi "50 sombras de Grey" y hasta ahora no me he puesto a comentar nada, que lo tenía pendiente, por varias razones, y una de ellas es que el film me resbaló. Sí, tal cual, me resbaló y no dejó ni huella prácticamente. Creo que no me emocionó ni una escena.
De todos modos, hoy rescato el recuerdo escaso que tengo de la película, (porque se sigue hablando de ella y más o menos ha tenido su repercusión), para que nos planteemos juntos acerca del sadismo y el masoquismo. Actitudes, rasgos de carácter, que diríamos desde mi formación psicocorporal de base psicoanalítica.
Y quiero hablar de ello pensando en los jóvenes de hoy, los chicos y chicas adolescentes, que no llegan a los 20 y que inician sus relaciones, sexo incluido.
Siguiendo con pantallas y medios de comunicación veo que hay una campaña para prevenir la "violencia de género" desde televisión. Una adolescente aconseja a otra que deje a su novio, que la controla contínuamente y la tiene desesperada.
De eso va la película a la que me refiero aquí. Un joven poderoso contacta por casualidad con una jovencita estudiante que va a su casa a entrevistarlo. Se atraen mútuamente, pero lo que parecía el inicio de una relación normal entre dos guapos, se enturbia por los caprichos sexuales de él, que le pone unas condiciones de esclava sexual a la chica. Y ella... se lo piensa y hasta entra al trapo... con sus dudas, su sufrimiento, su ignorancia, su curiosidad. Y prueba... a ver...
En su día leí a Wilhelm Reich y su descripción de los caracteres, y profundicé, porque me pareció muy acertado, su descripción del sadismo y, sobre todo, el masoquismo. Y quiero rescatarlo aquí e invitar a quienes les aperezca a buscar a este autor y reflexionar sobre lo que expresa.
No son formas naturales de manifestar el goce de vivir, ni lo uno ni lo otro. Pero algo se tuerce en nuestra libre pulsión de vida y nos pervertimos, buscando, por supuesto, la vida que quiere vivir en nosotros, (que nos trae la excitación y la dicha), los caminos que sean, que puedan ser, para minifestarse. No nacemos dotados naturalmente de ganas de machacar ni de que nos machaquen. ahí discrepó totalmente W. Reich de su maestro Freud con su instinto de muerte. Y yo estoy totalmente de acuerdo. Eso no está en la base de ningún ser vivo.
Pero se llega ahí. Se disfruta con la destructividad y se disfruta, sí, con el dejar que le peguen a uno, que lo humillen, que lo denigren... En los niveles que sea, desde el más sutil al más escandaloso. Todo, toooodo antes que sucumbir a lo anodino, todo por escapar del no sentir o de la tensión estancada que no se manifiesta. Hay muchas razones que nos llevan a desviarnos del goce natural de vivir y de disfrutar con los demás.
Cuando se nos han cortado los caminos de expresión de una sana sexualidad, de una sensualidad con la que venimos al mundo, resulta que la energía queda estancada en nuestro cuerpo (en el del niño al que han prohibido tocarse los genitales, en el de la niña que la han mirado mal cuando se rozó sensualmente con su amiguita, en el del grupito que jugaba a médicos...). Quedó una fuerza ahí reprimida, que busca salir como sea. En esas circunstancias, y todo muy corporal (no razonamientos), va a suponer una descarga el pegar o que te peguen. Va a ser una forma de movilizar lo que se paralizó. Y ahí se instala la excitación al final, y nos creemos que es genuino y que lo llevamos con nosotros. Si no hay otra manera, ésta ya está bien, dice el cuerpo, ¡al menos siento que estoy vivo!, ¡me excito!. Y dejamos aflorar el goce desde la perversión sin poder conectar con otras formas: "me encanta pegar, disfruto descargando sobre su piel mis latigazos...", o "me derrito cuando noto sus azotes en las nalgas...". Bueno, nos quedamos en eso, qué se le va a hacer... puede que..." A falta de pan, buenas sean... tortas"
De eso va la película a la que me refiero aquí. Un joven poderoso contacta por casualidad con una jovencita estudiante que va a su casa a entrevistarlo. Se atraen mútuamente, pero lo que parecía el inicio de una relación normal entre dos guapos, se enturbia por los caprichos sexuales de él, que le pone unas condiciones de esclava sexual a la chica. Y ella... se lo piensa y hasta entra al trapo... con sus dudas, su sufrimiento, su ignorancia, su curiosidad. Y prueba... a ver...
En su día leí a Wilhelm Reich y su descripción de los caracteres, y profundicé, porque me pareció muy acertado, su descripción del sadismo y, sobre todo, el masoquismo. Y quiero rescatarlo aquí e invitar a quienes les aperezca a buscar a este autor y reflexionar sobre lo que expresa.
No son formas naturales de manifestar el goce de vivir, ni lo uno ni lo otro. Pero algo se tuerce en nuestra libre pulsión de vida y nos pervertimos, buscando, por supuesto, la vida que quiere vivir en nosotros, (que nos trae la excitación y la dicha), los caminos que sean, que puedan ser, para minifestarse. No nacemos dotados naturalmente de ganas de machacar ni de que nos machaquen. ahí discrepó totalmente W. Reich de su maestro Freud con su instinto de muerte. Y yo estoy totalmente de acuerdo. Eso no está en la base de ningún ser vivo.
Pero se llega ahí. Se disfruta con la destructividad y se disfruta, sí, con el dejar que le peguen a uno, que lo humillen, que lo denigren... En los niveles que sea, desde el más sutil al más escandaloso. Todo, toooodo antes que sucumbir a lo anodino, todo por escapar del no sentir o de la tensión estancada que no se manifiesta. Hay muchas razones que nos llevan a desviarnos del goce natural de vivir y de disfrutar con los demás.
Cuando se nos han cortado los caminos de expresión de una sana sexualidad, de una sensualidad con la que venimos al mundo, resulta que la energía queda estancada en nuestro cuerpo (en el del niño al que han prohibido tocarse los genitales, en el de la niña que la han mirado mal cuando se rozó sensualmente con su amiguita, en el del grupito que jugaba a médicos...). Quedó una fuerza ahí reprimida, que busca salir como sea. En esas circunstancias, y todo muy corporal (no razonamientos), va a suponer una descarga el pegar o que te peguen. Va a ser una forma de movilizar lo que se paralizó. Y ahí se instala la excitación al final, y nos creemos que es genuino y que lo llevamos con nosotros. Si no hay otra manera, ésta ya está bien, dice el cuerpo, ¡al menos siento que estoy vivo!, ¡me excito!. Y dejamos aflorar el goce desde la perversión sin poder conectar con otras formas: "me encanta pegar, disfruto descargando sobre su piel mis latigazos...", o "me derrito cuando noto sus azotes en las nalgas...". Bueno, nos quedamos en eso, qué se le va a hacer... puede que..." A falta de pan, buenas sean... tortas"
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