lunes, 8 de febrero de 2016

¿Que quién soy? soy quien tú quieras. Inclasificables hiperadaptados

Absolutamente adecuados para los ambientes que se les van presentando en la vida. Saben estar, se los encuentra siempre con la indumentaria que toca, haciendo lo que se supone que deben hacer. Su máxima, que la aplican en todo momento, "donde fueres, haz lo que vieres" (castellano antiguo). Y así andan, completamente al caso de que ahora se llevan las pajaritas para hombre, con pantalones dejando ver el tobillo, y que las mujeres utilizan en sus desplazamientos "casual", masculinos zapatos de cordones. Saben idiomas, son educados y tienen conversación amena. Conocen los temas, ya sea sobre violencia de género, calentamiento global o cómo hacer una buena paella. Se los ha visto campechanos en reuniones informales familiares, se los ha visto concentrados en el trabajo, se los ha visto en el bar riendo chistes obscenos, gritando en el estadio, bailando en el concierto de rock del grupo de moda, y relajadísimos en la clase de pilates, estirando musculatura... Han viajado, han probado las delicias gastronómicas de otros países, y las costumbres de otras culturas. Sus acompañantes se han exclamado de lo bien que se han hecho a los nuevos sitios, qué pronta adaptación. Ni "jet lag" tienen... Han celebrado Halloween, y "la Castanyera". En su casa sus hijos reciben juguetes de parte de Papa Noel y de los Reyes Magos. De no hace mucho han pasado de hacer galletas en casa, a preparar "cookies". Salían con sus deportivas para el "footing" diario, y ahora hacen "running"...
Sonríen, suelen tener el semblante risueño que invita a ir a hablarles, a llamarlos a nuestro lado para disfrutar de su agradable compañía.
Sus ropas, correctas, en absoluto llamativas, su peinado, sus complementos, lo mismo. Huelen suave... Parecen estar en harmonía absoluta con lo que les rodea, como en un baile delicado y hermoso.
Y se inicia la conversación con ellos...Salen temas, se habla de ésto y de lo otro... y ahí está el interlocutor, teniendo razón, viendo como el otro se la da... Se adaptan al ritmo del otro, a sus dejes, a sus expresiones... Vaya... Se adaptan, ceden, comprenden, asienten... Y el interlocutor empieza a incomodarse, ¿dónde estoy yo?, ¿dónde está él?, ¿quién es él?... No lo encuentro, no lo hallo. Y siguen hablando, y ya no es lo mismo, el bienestar se transforma en una vaga sensación de incomodidad, una vaga inquietud, y hasta cierta agresividad...

Y, al final, la respuesta, intuida, el mensaje terrible que recibe el inerlocutor, no hablado, pero no por ello menos evidente: "¿Qué quién soy?. soy quien tú quieras".

Como el humo, etéreos, perfectos actores en un mundo diverso... Inclasificables, hiperadaptados






 
 
 

martes, 26 de enero de 2016

El proceso de maduración del "cachorro humano"



Recupero aquí un resúmen de mis apuntes en la formación de Especialista en Intervención Preventiva, (Ecología de Sistemas Humanos) de la Escuela de Terapia Reichiana. Estos conceptos ha sido varias veces expuestos en charlas y grupos de crianza, pero siento de interés volver a sacarlos aquí a la luz, dada la cierta receptividad que percibo, desde varios sectores, para entender qué sucede con las fases del desarrollo y cómo nos situamos en torno a la crianza.

Así pues, inicio con una cita:

“Dando crédito a las palabras de Van Gogh cuando escribía el arte es el hombre agregado en la naturaleza, podemos afirmar que Wilhelm Reich fue un artista y un investigador del arte; porque toda su vida, reflejada en su obra, fue un intento por descubrir las leyes funcionales del animal humano y los medios para recuperar su naturaleza específica”. X.Serrano y M. Sánchez Pinuaga, “Ecología Infantil y Maduración Humana”.

Exponemos a continuación brevemente, y tal como se manifiesta en el título, el proceso de maduración del “cachorro” humano. Partimos del legado de Wilhelm Reich y consideramos que para estudiar al hombre, al niño que se hace hombre, hemos de tomar una visión integral y englobarlo en la naturaleza para seguir el sentido propio de nuestra especie. Lo humano y lo natural forman un contínuum. Ciertamente, el hombre pierde su naturalidad en pos de lo social, pero eso le lleva a la enfermedad.

Pensamos que la salud es una utopía y que las dinámicas que se llevan a cabo en la sociedad actual, por la rigidez, la falta de contacto con los ritmos naturales, la prevalencia del miedo y el individualismo, no nos acercan a esta anhelada salud, entendida tal y como la OMS se encargó de definirla.


Consideramos que la maduración sigue una lógica funcional, la naturaleza no es mecanicista, los procesos vivos no son rígidos. Destacamos, para esta breve exposición del proceso de maduración del mamífero humano, los siguientes conceptos clave para entender nuestra teoría: estructura de carácter, biopatía, teoría de los tres cerebros, maduración céfalo-caudal.

Por estructura de carácter entendemos la forma en que se ha organizado un individuo, cómo le llega el mundo y cómo es capaz de interactuar con el entorno y consigo mismo. Entran aspectos bioenergéticos, psíquicos, caracteriales y musculares. Depende la estructura de carácter de la predisposición constitucional, el metabolismo energético, las relaciones familiares infantiles, los bloqueos musculares, el funcionamiento neurovegetativo y la realidad actual del sujeto.

Reich introdujo el término Biopatía para referirse a alteraciones globales del organismo. En palabras del propio Reich: “es una patología con origen en una disfunción (contracción) del sistema nervioso autónomo que altera toda la función biológica de la pulsación plasmátia del organismo”. El organismo está totalmente implicado, aunque algunos segmentos estén más afectados que otros. A nivel celular encontramos una situación de retracción, un terreno energético deficitario.

La teoría de los tres cerebros es una aportación que recogemos de McLean. El encéfalo está estratificado evolutivamente en tres niveles. La parte más antigua es el r-complex o complejo reptiliano, encima se desarrolla la corteza límbica, que es común en los mamíferos primitivos, y sobre ella está el neocórtex, que empiezan a tener los primates y, mucho más desarrollado, el ser humano. El r-complex se relaciona con lo instintivo, la afectividad y la emoción están en el límbico y los procesos cognitivos superiores se sitúan en el neocórtex.
 
Maduración céfalo-caudal hace referencia al proceso de desarrollo del ser humano, de la cabeza a la pelvis. Cuando nace un bebé su cabeza es grande en relación al resto de su cuerpo, así también tiene mucha más funcionalidad: la boca le permite mamar con fuerza, puede oir, puede ver... pero sus movimientos son todavía torpes. Poco a poco se irán integrando las manos, el cuerpo entero.
 
Período crítico biofísico. (hasta final del primer año de vida). La energía está concentrada en los primeros segmentos (ojos, boca). Es un período delicado de desarrollo del ser humano. Nacemos frágiles, necesitamos un período de unos nueve meses más de cuidados prácticamente como si estuviésemos en el útero materno. Esa fragilidad también nos permite una gran plasticidad. En el momento del nacimiento las neuronas corticales están muy separadas y hay pocos brotes dendríticos, es decir, hay pocas interconexiones entre ellas. Interferencias exteriores (ambiente agresivo) perturban de forma considerable el trabajo de integración interneural. El nivel de carga energética del primer segmento modula estas interconexiones entre neuronas, que serán la base del ser humano pensante con conciencia de lo que siente. Sin contacto maternal se ha observado que se reduce la arborización dendrítica.
 
Fase oral primitiva (de 0 a 3-4 semanas, parte también de vida intrauterina). Existe predominancia del cerebro reptiliano. Gobiernan los instintos, lo neurovegetativo. “ Es bien sabido que, en el hombre, por la extraordinaria prematuridad de su nacimiento, este periodo de troquelado o de urdimbre tiene una importancia mucho mayor que en el resto de los animales. Hay en el momento de nacer tres inmadureces básicas: la de su sistema nervioso, la inmadurez inmunológica y la inmadurez enzimática”. Carballo, 1972, citado en “Ecología infantil y maduración humana, de Xavier Serrano y Maite Pinuaga. Experiencias distresantes en este periodo configuran las características propias de una Estructura Mimética-Psicótica. En este caso, cuando ha habido un fuerte impacto agresivo del medio (madre ausente, poquísimo contacto con la madre, pocos cuidados, enfermedades, ingresos hospitalarios...), no hablamos de carácter, porque el sujeto no va a poder organizar un “yo”. Los primeros segmentos están alterados, existe poca vitalidad y el sujeto tenderá a mimetizar con el ambiente. Cuando se descompensa el equilibrio estructural aparecen las biopatías primarias, enfermedades graves, que, como hemos dicho, afectan al organismo en su totalidad, son degenerativas.
 
 
Fase oral primaria (de 4ª semana hasta 1 año de vida aprox.). Es un período biológico de maternage. Aquí se conforma la primera identidad biológica. Se desarrolla el sistema límbico. Pasamos a lo neuromuscular, el cuerpo va adquiriendo más autonomía, se puede mover más y con mayor control. “Todo recién nacido tiene su propia individualidad, su nota emocional peculiar y es preciso conocer esa nota si se pretende comprender sus reacciones emocionales.- Reich,1948-. Es lo que Navarro describe como yo biológico, que va dando paso al yo psíquico-identidad del yo”. X. Serrano y M. Sánchez Pinuaga, “Ecología Infantil y maduración humana”. Experiencias distresantes en este periodo configuran las características propias de una Estructura Nuclear-Fronteriza con núcleo psicótico, con muy poca o nula satisfacción oral. Descompensaciones en el equilibrio que puede alcanzar el sujeto (siempre tendemos a la supervivencia y buscamos compensar como sea) pueden llevar a biopatías secundarias, enfermedades también degenerativas como las del grupo anterior, pero con mejor pronóstico ya que el indivíduo tiene mayor carga energética.

Fase oral secundaria (de 12 a 36 meses aprox.). La energía baja a los segmentos siguientes: cervical, torácico, diafragmático, abdominal (en éste último ya se produce el pasaje de la oralidad a la genitalidad).

Adquiere funcionalidad el neocórtex, necesario para la posición erecta. Nos da la dimensión espacio-temporal. Ya tenemos la posibilidad de realizar procesos cognitivos superiores (representaciones, simbolizaciones, razonamientos)

Una aportación posreichiana considera que aquí existe la primera diferenciación sexual: tener o no tetas.


La figura del padre se hace cada vez más presente.

La represión y conflictos en este periodo dan lugar a mecanismos de defensa psíquicos y musculares que configuran la Estructura Nuclear-Fronteriza con núcleo depresivo. Existió cierta satisfacción oral pero hubo una brúsca pérdida de ese contacto (un destete...). Las alteraciones, que ya no son biopatías, son enfermedades somatopsicológicas. Se huye de la angustia a través de la enfermedad, el cuerpo habla a través de ella.

La base genuina del "fronterizo" es la ambivalencia, que es lo que vivió tempranamente, por ejemplo, con la desaparición brusca del pecho, pero no de la madre, presencia intermitente de la misma, etc. Esto provoca mucha rabia contra un elemento al que no se puede agredir porque se lo necesita. Es el momento de una gran funcionalidad energética de la boca, los otros segmentos se van añadiendo pero la boca ha sido la zona de conexión con la vida, la que ha ido ayudando a integrar el entorno mediante el tacto de los labios, el gusto, el alimento... Si hay frustración de base, el proceso de separación-individualización, la autonomía, en definitiva, no se va a poder trabajar bien. Esta frustración produce bloqueos musculares, en los ojos por ejemplo, donde hay fuerte tensión. Es frecuente la rabia oral, la destructividad.

La etapa anal y fálica, son reactivas, son “normales” pero no se dan en un proceso de desarrollo saludable.

“La primera integración que hemos de alcanzar es la propia, y se cimentará en el hecho de sentir el cuerpo entero, de identificar la totalidad que somos. De esta primitiva realidad corporal trascenderemos hacia otras más simbólicas y sociales, pero el Yo primero es cuerpo”. María Montero-Ríos en “Saltando las Olas”

Fase genital (de 36 meses a 6-7 años)

Debería darse aquí una funcionalidad armoniosa del córtex, el límbico y el cerebro reptiliano. La energía baja a la pelvis.

Hay una identificación con el progenitor del mismo sexo y atracción hacia el progenitor de sexo contrario. El niño necesita mostrarse y que se le reconozca.

Entramos en lo social. El niño necesita oportunidades para la satisfacción sexual con sus pares, ir más allá del autoerotismo.

El complejo de Edipo, no se daría en una sociedad saludable. En la Es.Te.R. se habla de un Edipo Positivo Referencial como forma de facilitar al niño la referencia paterna pero sin anular, dejando libre la expresión. Los progenitores deben tener una identidad sexual definida y asentada para facilitar este proceso a sus hijos.

La represión en esta fase da lugar a la Estructura Adaptativa-Neurótica.
Si se imponen importantes trabas en el desarrollo del individuo aquí, pero medianamente ha vivido en un ambiente acogedor y ha tenido un buen maternage, el sujeto ha podido estructurarse y ahora tiene fuerza para realizar un proceso defensivo que le permita sobrevivir en su ambiente.

Son cuerpos de alto tono, hipoventilación, tendencia a las contracturas, placer limitado y roles bien asumidos. El neurótico tuvo su “gran problema” en la época edípica (3 años aproximadamente), cuando existe el descubrimiento del cuerpo, de la sexualidad. Por trabas, represión, en las manifestaciones de sus pulsiones (masturbación, interés sexual, conductas seductoras...), el Edipo no se resuelve, hay una fijación, se agarra el sujeto a pseudo compensaciones, y eso le permite no sufrir mucho, aunque tampoco sea mucho su goce... En su realidad actual, el neurótico es un ser adaptado básicamente, que vive su vida con “normalidad”.

El carácter sano, genital, es una utopía.

En relación a la entrada a lo social, y ya que la escuela juega aquí un papel tan importante, ofrecemos algunos apuntes acerca de la Educación: (sobre “Summerhill”, de Neill, expuestos por Inma Serrano y Jordi Martínez, de “Donyets”)

- El concepto de autorregulación
- Libertad es diferente a libertinaje
- Autoridad: anónima, evidente, natural

- Programas:lineales,circulares, flexibles

Autorregulación es un término elaborado por Reich, que contrapone al concepto de sublimación. Reich considera que el niño puede crecer sin que se le imponga una moral porque es naturalmente bueno. Las pulsiones destructivas son secundarias, fruto de la represión de instintos naturales que deberían respetarse. Igual que la naturaleza se autorregula, igual que lo hacen plantas y animales, así el niño, si lo dejamos, sabe igualmente qué cantidad comer, abrigarse o no según siente, correr si hay peligro, etc.


Libertad vs libertinaje. Defender la libertad puede llevar a malos entendidos y hacer pensar que es dejar al niño que haga lo que quiera siempre y en todo momento. La libertad que tiene el niño por derecho no está reñida con lo que llamamos límites estructurantes. El adulto no ha de delegar en el niño responsabilidades, decisiones, para las que no tiene madurez. El adulto ha de acompañar al niño en su crecimiento. El niño, a la par que es respetado, va aprendiendo a ver y a respetar al otro.

Autoridades diversas. La autoridad evidente era la que se usaba en nuestras escuelas hasta hace una generación más o menos Hoy, en educación, existe una autoridad anónima, que es sutil, que es muy peligrosa porque hace creer al alumno que es libre. Es la autoridad del que seduce “para llevar a su terreno” al seducido. Los niños aprenden contenidos adulcorados sin plantearse si realmente son importantes para ellos. Por el contrario, la autoridad válida sería la natural, la que viene por méritos propios de la persona que la ejerce. El educador puede tener autoridad porque es un adulto maduro con recursos y capacidad para acompañar al niño, desde el respeto y la confianza en su desarrollo. Esta autoridad te la dan, no la impones artificialmente.

Programas lineales, circulares, flexibles. La educación convencional se ha basado en programas lineales, con sus temarios y objetivos. Poco a poco se ha ido introduciendo un modelo en espiral, que considera que no aprendemos en línea sino en círculos que se van agrandando. Inma Serrano y Jordi Martínez, de Donyets (escuela libre vinculada a la Es.Te.R., Valencia) exponen como más adecuado y real un proceso de aprendizaje en el que se van siguiendo trazos caprichosos, de inicio y final no definido, de recorrido aleatorio. Así aprenden los genios, así es como los niños, si los dejan, empiezan a experimentar con el mundo. Es la forma en que el conocimiento y el trabajo van unidos a lo lúdico, al placer.


domingo, 17 de enero de 2016

bebé Bescansa. (Alguna aclaración acerca de la crianza con apego)

Te ví el otro día, y me llamaste la atención, salías en todas partes, los medios de comunicación de todos los colores sacaban portadas en las que estaba tú y tu mamá, y algunos compañeros de tu mamá también, cogiéndote a veces, haciéndote mimos, el sitio de trabajo de ella, en el lugar en el que le tocaba trabajar ese día, vaya. Era algo especial, muy importante. Unos han aplaudido a tu mamá, otros la han criticado, y a casi nadie ha dejado indiferente verte ahí, en un lugar en el que se hace extraño ver a una madre con su criatura.
Resulta que estos días os habéis convertido en foco de polémica. A nivel inernacional incluso. Algunos también dicen que no hay que centrarse en eso, que son detalles, que son menudencias, que distraen...
Yo, sin embargo, creo que es una buena oportunidad para situarnos un poco más en un tema que no tenemos en absoluto claro, algo sobre lo que hay muchas opiniones, pero en lo que estamos pez. Es el tema, el gran tema, de la crianza y la educación. Sí. Y es mi gran tema además, en el que llevo zambullida décadas. Por eso ahora también hablo.
¿Cómo se desarrolla el ser humano?, ¿Cuánto de determinantes son nuestros primeros años?, ¿de qué modo hemos de trataros, cachorritos humanos?.
Eso, ¿Cómo hemos de manejarnos con vosotros, pequeños seres indefensos, dependientes como los que más en el reino animal?.
Muchos nos lo hemos planteado, y muchos han iniciado desde hace tiempo el camino de entender lo que va sucediendo en un biosistema que parte de dos células para convertirse en un todo complejísimo y grandioso. Y tener, como tú tienes ahora, esos ojitos expresivos, los impulsos que llevan a moverte y a comunicarte, esas imagenes mentales que vendrán después...Quiero hablarte de ello, quiero dirigirme a ti hoy. Quiero que de paso llegue a quien quiera y tenga interés.
¿Sabes?, cuando se lía la polémica de si has de estar ahí tú, de si te están utilizando, de que por qué no tu papá, etc., tu madre sale al paso y explica a los medios que que está haciendo contigo una crianza con apego, aparte de que la guardería, dice, no te admite hasta los 6 meses. Creo que es eso lo que dijo.
Estabas con ella ese día, entraste en ese sitio que se llama Congreso, y ahí estuviste el rato que hizo falta, en brazos de mamá básicamente.
Se ha hablado mucho, se sigue haciendo, y desde muchos puntos de vista: el feminismo dice que tu mamá ha echado por tierra lo que tanto ha costado conquistar a la mujer, su libertad. Hay quienes la han tachado de frívola, por montar el numerito... Hay quienes la defienden explicando que es una manera de hacer ver el gran problema de la conciliación trabajo-familia en las mujeres.
Y yo. a todo ésto, me pregunto por ti, por ti en concreto. Qué pudo ser tu viviencia ese día, incluso antes de entrar en la vorágine social de voces, revuelo, olores, colores, luces, sonidos, que fue el Congreso para ti. Ese día debiste notar algo más de trajín en casa... Te levantarían, arreglarían... Mamá estaba por ahí, con su olor característico, los gestos y sus tonos... mamá estaba...y no estaba. Porque tiene entre manos algo muy importante, a nivel profesional, y también personal, estoy segura. Aquí un gran punto que quiero señalar y llevar a la reflexión sobre el apego y la primera relación con la madre. Ese estar, pero no del todo. ¿Cuántas veces su mirada marcharía?, ¿cuántas veces tuvo que atender una llamada que interrumpió vuestro diálogo?. ¿cuántas veces notaste que se rompía tu ritmo?.
Bebé, tú todavía no puedes entender más que de abrazos, calor, contacto y presencia. Y es lo que se necesita, sobre todo, en el primer año de vida. En esa etapa que algunos han venido a llamar período crítico biofísico. Es donde queda marcada la identidad biológica, la base sensorial, corporal. Y es la estructura a la que luego añadiremos cognición, cuando el córtex, la última capa del cerebro, esté preparada, que es alrededor de los dos años. Es el momento en que se expresa a través del cuerpo, y la madre, o cuidador principal, da presencia con su respuesta sensitiva. "Lo que expresas tiene senido, estoy aquí, bebé, cariño mío, para recoger tus miedos, para darte calor, alimentarte en todos los sentidos, recoger y contener tu llanto...".
Crianza con apego... Ahora se habla mucho de ello, está de moda y me parece estupendo que así sea. Vemos a madres con sus hijos en brazos, comprando, dándoles el pecho, paseando, hasta en clases de baile o de yoga... Apego... Ya planteó Bowly, psicoanalista, clásico autor en el tema de relaciones de bebés con sus cuidadores, la importancia de un apego seguro, que es la base para crear una buena estructura en la persona, y capacidad para relaciones saludables.
Wilhelm Reich, también psicoanalista, habló y expuso con coraje y contundencia, sobre la necesidad de cuidar a la vida desde el inicio, poner énfasis en las crianzas, educar y acompañar a seres que vienen al mundo.
Pero, cuidado, apego no es llevar al niño a donde el adulto, apego no es ir con el niño a todas partes, (a todas partes del adulto). El primer año de vida requiere una exquisita adaptación a las necesiades del bebé, requiere una entrega total por parte de quien cuida, para ayudar a formar, a grabar profundamente el mensaje: "lo que hago, digo, temo, quiero, tiene sentido... Yo tengo sentido, yo soy, porque tú me miras, tú estás ahí". Esa es la cuestión. Si vamos desde el mundo adulto imponiendo ritmos a tan tempranas edades, podemos crear una hiperdaptación por parte del bebé, y eso tiene consecuencias para su salud. Será un ser con apego inseguro. "Estás pero no estás...".
No quiero ponerme dramática ni rígida. Y además, dicho sea de paso, admiro en muchos aspectos a tu mamá. Bien pudo ese día, ser sólo un día, entre muchos que tengas de bienestar, bebé, con respeto a tus ritmos, con tus olores familiares que vas conociendo, en tu espacio que vas integrando, con tu pecho a demanda, tu sueño que se respeta, y tus ganas de jugar, tu gente... Puede ser. Ojalá. Y ojalá la sociedad vaya integrando ésto, porque es la vida, y nos va la vida en ello. Crianza saludable es la que respeta el ritmo natural de crecimiento, y ese ritmo, en un cachorro humano, necesita total atención a sus necesidades en el primer año fundamentalmente. Presencia de quien cuida. Es lo que tiene ser mamífero.
Te ví, y como a muchos otros, me llamaste la atención. Algún día tu mamá y tú lo comentaréis. Y ojalá, por un lado u otro, hayas podido disfrutar mientras tanto de esa crianza con apego, y con presencia.


domingo, 27 de diciembre de 2015

Sobrepasados...

Días de consumo, de experimentar la abundancia con comidas y cenas copiosas, de compras al límite de las posibilidades, dias de colas, luces y sonidos... Días excesivos muchas veces, demasiadas. Especialmente excesivos para los pequeños de la casa. Quiero poner énfasis en ello, señalarlo y llevarlo a la reflexión desde diversos puntos de vista. Como quien saca a relucir un objeto escondido e invita a verlo desde arriba, abajo, por diferentes lados...
De exceso hablaba, en relación a cómo pueden vivir en general los pequeños de la casa los días festivos de Navidad. Y los previos también, cuando los preparativos en casa y en el colegio.
Al decir exceso, me refiero a la incapacidad para digerir adecuadamente la estimulación recibida. Cuanto más pequeños, más inmaduros y por tango más incapaces. Cuando un sistema recibe más inputs de la cuenta, se sobrecarga, digamos que no metaboliza bien, que se indigesta. Signos visibles de ello pueden ser indicadores biológicos o sociales tales como trastornos en el sueño, irritabilidad, resfriados, trastornos digestivos, malhumor... 
Eso les suele suceder a los niños en estas fiestas llamadas navideñas, que son también de fin de año y reyes. Y además, de las que se dicen que ellos son los protagonistas. Bueno, eso dicen los adultos. Pero...
Empecemos por las previas, la prenavidad. En el colegio "normalizado" de turno, se empieza a preparar la Navidad (me ha salido con mayúscula ahora, vaya...). Y es algo muy importante, les llega a los alumnos. Hay un festival de fin de trimestre en el que las diferentes clases exhibirán sus bailes y dotes artísticas. En el teatro o similar (depende de los recursos), habrá una representación del Belén, con sus pastorcillos, la virgen, San José, el niño, los angelitos, la estrella... Eso que ven los papás y mamás, y demás familiares, en un rato, pongamos una hora aproximadamente, supone más de un mes de ensayos. Entre clases, tras las clases, comiéndose al recreo...
Suele pasar, no es difícil imaginarlo, que desde dirección sienten jugarse el prestigio, y lo mismo pasa con el resto del profesorado. Así los niños reciben la presión por que salga bien algo que, si en algún momento les gustó un poco, empieza a perder toda la gracia al tercer grito nervioso de cualquier maestro que exija la perfecta puesta en escena. No se ha tenido en cuenta sus ritmos, no se ha transmitido el gozo de celebrar algo que tiene una profunda significación arraigada a la vida. A los niños pequeños les sobrepasa el festival navideño. 
Y vamos ahora con el chantaje emocional. Tanto en el colegio como en casa se empieza a hablar de la venida de unos seres mágicos, que traen regalos a los niños si se han portado bien. Que los van mirando, les dicen, que los observan (un Gran Hermano en casa y... En todos lados). Sobre los 5 años se empieza a desconfiar... Pero antes, antes hay un pensamiento "mágico fenomenista" por naturaleza, que se debería dejar fluir en un contexto respetuoso y cuidado. La presencia todopoderosa de esos seres que traen juguetes, hecha al gusto y medida de los progenitores que le toquen al niño, distorsiona, confunde y, en algunos casos, crea miedos, inseguridades y culpabilidad.
Añadimos que se lleva a grandes almacenes y centros comerciales a esos niños. Sitios de sobreestimulación lumínica, de sonidos, olores... No están los pequeños preparados para tanta información de golpe, tanto imput que pelea por ser él el que llegue a la retina, a los oídos, al deseo... No se coloca bien, no se filtra, entra de golpe, invade, desordena... A los niños les sobrepasan los centros comerciales y sus derivados.
Como les saturan las eternas reuniones familiares con gente que no conocen tanto, que no son de su entorno inmediato, que ponen nerviosos a sus papás, que les piden cosas contradictorias, como que no hablen, o que canten aquella canción tan graciosa... Gente que no los mira, que no atienden a su sueño, a su curiosidad tranquila por aquél juguete que papá corre a desempaquetar...
Suelen ser días de exceso éstos. Cierto desenfreno y reactividad, querer los adultos proyectar en los niños nuestras carencias, utilizarlos como excusa...
Pero también podemos parar, observar cómo la vida renace en cada uno de ellos, nuestros pequeños. Podemos silenciar la algarabía y dejarnos sentir. Y que los olores entren poco a poco, y las luces, y el tacto... Lentamente, suavemente... Podemos disfrutar del calorcito de un cuerpo que se acurruca a nuestro lado, de unos ojos que preguntan... Es posible...
Aunque  las luces ahí fuera son tan potentes, tan llamativas...
Días de exceso, éstos...

martes, 3 de noviembre de 2015

LLegados a este punto... (acercándose a la mitad de la vida...)


Llegada a este punto, ha pasado el tiempo suficiente para haber experimentado qué es eso de ver nacer, y qué es ver a alguien morir. He visto los ojos ávidos, tremendamente vivos, sorprendidos, buscando la teta para mamar, buscando mi olor, para recogerse en mí, recién salidos de mí... He visto lo que sucede en las últimas, cuando vamos a partir a no se sabe donde: el miedo, el desespero, la rabia, la negación y finalmente la entrega... Han dejado este mundo seres muy queridos míos.

He vivido lo necesario para ver procesos vitales, (valga la redundancia) me he sentido privilegiada espectadora en platea de vidas de otros, cercanas. He visto nacer, crecer y acorazarse, a los que en un día fueron cachorritos humanos espontáneos. Ya he podido ver lo que se intuía, o lo que sabía de libro o me contaban mis maestros. ya lo sé. Esos cuerpos ya se han estirado hasta dejar el torso plano, o se han doblado tanto que parecen miradas clavadas en el suelo... Han sido caminos largos, imperceptibles en el día a día, pero ahí están. He visto cómo hablan, miran o se mueven ahora. Supe en su día de sus sueños y anhelos y los veo habiendo entrado en esa rueda que parece ineludible. Ahí están dueños hoy del discurso que en su día les llegó de sus padres, olvidados de sus ilusiones en muchos casos, reprimiendo a sus hijos, tan alejados de ellos y sus problemas reales, que parece imposible que un día ellos vivieran lo mismo.

Sé qué sucede cuando no se ha estado presente, ya sé qué sucede con los vínculos, con los apegos. Sé del peligro de caer en abismos por no haber recibido estructura en su momento, y eso pasa muchísimo más de lo que podemos imaginar. Mucho, mucho más. Sé del dolor de la incomunicación, cuando dos seres humanos hablan sin entenderse, si poder llegar al otro.

Conozco los equilibrios precarios para irse manteniendo, para no resbalar. Me he asomado a un montón de esos mecanismos de defensa que utilizamos para ir tirando, respirando, sobreviviendo... "Pobrecito de mí", o "yo me adapto", o "yo puedo, puedo con todo, soy fuerte, omnipotente", o "no necesito a nadie", o "yo te complaceré hasta el infinito, yo satisfaré todas tus necesidades", o... cualquier papel desempeñado, cualquier disfraz para funcionar en un mundo que se sintió hostil. Cualquier cosa para ser aceptados, formar parte de...

Y aquí, ahora, en este momento, ya he visto caer a muchos. Ya han sucumbido, o casi, tras procesos de autodestrucción que han durado décadas, o toda la vida, a veces... Y me cuesta entender que si uno no se sintió amado, no puede amar, ni siquiera amarse. Me cuesta mucho esfuerzo comprender qué le lleva a uno a la aniquilación, a no querer vivir y expandirse, por tabaco, café, alcohol, vida sedentaria y pasiva, mala alimentación... He visto verdaderos contenedores humanos de porquerías, propias y ajenas. Y cómo han llegado, destrozados, a su cuarentena... los que han llegado...

Y en este momento, también, me sorprendió la vida, porque las corazas se han ablandado y ha salido el cuerpo, sus flujos, sin miedo, potentes, sonrientes, Ya sé que se puede arriesgar, que se puede salir de lo preestablecido, que más allá de la cueva platónica hay vida pulsante en sus colores más nítidos. Sé que no es necesario mucho de lo que creemos imprescindible. He acompañado procesos en los que ha entrado la luz de pleno, vidas que se han fortalecido y han cambiado las prioridades. He visto otro tipo de nacimientos, y otro tipo de muertes. He visto, y soy privilegiada acompañante de ellos, niños que juegan libres, que aprenden libres y libres se expresan.

Y he podido conocer ahora, gente comprometida, apostando por aportar vida a la vida, y expansión, contacto, entereza. A través de la danza, de la expresión en cualquiera de sus formas, valientes, admirables...

Llegada a este punto... básicamente me alegro. De estar viva y de la cantidad de experiencias acumuladas. Se han ido sucediendo etapas, el tiempo con su relatividad ha ido pasando, y los espacios también, y en ello, las relaciones, los vínculos, los amores y desamores, los desgarros y los júbilos.

Siento acercarme a la mitad de la existencia, me di cuenta un día, me entró ese sentir sin más, a gusto, mientras nadaba. Suele sucederme últimamente bastante, me sorprenden emociones con sus matices, toman forma, y las acojo encantada. Nadaba, digo, aunque a veces es cuando paseo, cuando bailo, o me siento en cualquier lugar en el que se está a gusto. Apareció. "Ya han pasado años, bastantes, y sigo sintiendo el cuerpo latir con fuerza, en cada brazada, notando el agua fresca, juguetona, la expansión en cada avance, el placer del movimiento...". Y esa sensación me siguió acompañando en la cotidianidad, en el día a día, en mis tareas, mis ocupaciones varias... La colada, la compra, la comida, los pacientes, los talleres, los grupos de crianza, las clases de expresión... "Estás viva, estás pulsando... estás".



En este momento, ya he llorado un montón. Y de eso, sí, también me alegro. Siento las grietas de mi coraza por las que puede salir algo de mí, y por las que lo que me rodea, los que están a mi alrededor, pueden entrar... No son muchas, ni muy abiertas, eso también lo digo, pero es lo que hay... Llegada a este punto...





lunes, 5 de octubre de 2015

Variados cajones de colores... (acerca de la disociación)

Lo hacemos tanto, estamos tan inmersos en ello, que me apetece llevarlo a la reflexión. Lo creo interesante, y no para que no utilicemos este mecanismo de defensa, sino para que tengamos algo más de conocimiento de causa de cómo actuamos, de los motivos que nos llevan a comportarnos de una forma u otra, que, por supuesto, son inconscientes y nos van por delante.
Quiero hablar de la disociación.
Por la disociación aislamos algo, una vivencia, un sentir, unas emociones. Ha sucedido algo que no soportamos integrar en nuestra cotidianidad y, como defensa, por esa tendencia natural a "estar bien", dejamos de sentir, de acordarnos, de eso que nos pasó que amenazó nuestro equilibrio. Cada uno tenemos nuestro límite. Hay un abanico amplio de ejemplos de sucesos que se aíslan, se encapsulan y se olvidan. En nuestra infancia pudieron ser malos tratos, pérdidas de seres con los que se había hecho vínculo, acoso en la escuela...
Cuando la emoción que sentimos superó un umbral, dejamos de sentir. Y así pudimos mirar para otro lado, hacer nuestra vida y... ser "felices".
Lástima que lo que se aísla queda ahí, lástima que no desaparece de nuestra historia ni nos deja del todo tranquilos. Lo que no se integra, lo que no ha tenido su espacio, se revuelve dentro, molestando, incordiando. Camuflado de indefinición, se presenta como vagos síntomas (que pueden ir a más), inexplicables estados de ansiedad, sensación de pena sin motivo aparente...
Es que no nos vemos enteros, nos vemos un trozo. Vemos y atendemos algunos aspectos de nuestra vida, y en cada momento pueden variar y ser uno u otro, además.
Arrinconamos a lo profundo de nuestro ser lo que nos molesta y vamos aprendiendo a "esto sí, esto no". El mundo se divide, se fragmenta, como lo estamos nosotros, capaces de integrar en el todo de la realidad lo que nos va sucediendo. Es lo que hacemos. Y no es sano.
Con la disociación viene el mecanismo de encasillarlo todo, clasificarlo y ordenarlo para nuestro bienestar en unos cajones mentales bastante rígidos e inamovibles.


 
 
Ahí estamos pues, creciendo desde la fragmentación, impedidos de una visión general de lo que nos rodea. Unos más, otros, menos.
Para conocer el origen de este mecanismo hemos de remontarnos muy atrás, ir a los primeros meses de vida. Ahí, en esos meses, (llamado desde la Escuela Reichiana período crítico biofísico, recogiendo el legado de Wilhelm Reich), es donde se fragua la inseguridad de base de una criatura que es todo cuerpo, todo emoción. En esos delicados días, el bebé, inmensamente frágil y desamparado, expresa sus necesidades instintivas. Y ahí puede recibir retroalimentaciones positivas y de reconocimiento, cuando siente frío y su madre lo acurruca, o siente hambre y se le alimenta... El mensaje que le llega es algo así como "existes, te recojo, te doy presencia, te amo". Pero demasiadas veces suceden retroalimentaciones desajustadas.  En caso de haber desajustes frecuentes, disarmonía, el pequeño cachorro humano se confunde, se retrae y nace el él un núcleo de dolor y mucho miedo. Se llega a conectar con la muerte. Esto es así. Ni más, ni menos. Cuando hay unas necesidades básicas que tardan en cubrirse, o no se cubren, el pequeño ser entra en pánico. Y ahí se empiezan a gestar, por pura supervivencia, fortísimos mecanismos de defensa. Empezamos a disociar: hay una madre buena, hay una madre mala... Y lo "malo", lo que nos ha hecho sentir tan mal, lo arrinconamos, porque sentir la soledad, la incomprensión, sentir el abandono, cuando aún no ha dado tiempo de formarse una identidad, ni física, ni psíquica, es... demasiado sentir.
Así vamos creciendo y ese mecanismo va funcionando, no nos sentimos uno con nosotros mismos ni nos sentimos uno con el entorno, pero vamos trampeando en nuestro día a día.
Y puede ser que esta tendencia haya sido tan poderosa, nos haya requerido tanta energía que un día, ya de adultos, no podamos más con la sintomatología que lleva pareja, puede que nos hartemos de encasillar, de impedir que salgan las emociones "feas" en nuestro falso perfecto mundo. Puede que entonces, iniciando un proceso de terapia, empecemos a ver un poco más, a integrar más, y comprobar, sorprendidos, y con bastante alivio también, que las delimitaciones de los cajones se desdibujan. Y esa disociación empieza a no ser tal...


martes, 8 de septiembre de 2015

la vida y la muerte, danzando

Sala grande, espacio amplio, boxes. Se van ocupando, cada uno con el enfermo de turno, cada uno con su particularidad, con el material que dictamina el protocolo... Ellos ahí, en las camas, en general no pueden comunicarse o lo hacen con gran dificultad...Su vida, de un hilo. El cuerpo hace ya que tomó un camino letal. Ahí, derrotados, con miedo, con algo de esperanza... Ahí, desválidos, en sus manos... Confiados, resignados tal vez. Y pasan ellos, y ellas, de prisa y concentrados, canturreando en ocasiones. LLegan y tocan uno u otro botón, cambian algo, introducen cierto medicamento, ajustan otro...y les dirigen una sonrisa, un comentario gracioso, o les revuelven el pelo y les llaman "guapo, guapa, cariño"... como a niños pequeños, con voz aguda en general... A momentos paran, les miran a los ojos, y están un rato en silencio, respetuosos. (Me viene pensar que los que hacen eso son recién llegados, es imposible aguantar esas cotas de dolor por meses o años).
Pasan los otros, los de la autoridad, los que van dictaminando y tomando decisiones. Entre ellos, los más jóvenes aplican lo que saben, se esfuerzan en encontrar el diagnóstico, en situar el problema de ese cuerpo que pudo morir, que hubiera muerto, sin su intervención. Van a partes, se fijan en las secciones del todo, observan los órganos vitales y se meten a saco en mantenerlos. Hay medios, muchos, muchos medios. Se puede. Hoy día se puede. Si no respiras, te intuban. La máquina respira por ti. Si no bombea el corazón ellos se ocupan de poner medios artificiales para que bombee. Las sustancias que necesitas, te las inyectan. Si los riñones no dan abasto, diálisis (sale la sangre, se limpia con una especie de centrifugadora, y vuelve al cuerpo...). Ah, por supuesto, como esto no se aguanta en estado normal, a echar mano de la sedación. Oh, bendita sedación...Todo un despliegue de posibilidades para mantener un cuerpo con vida.
Entre ellos, los de la autoridad que he dicho, los mayores, los que peinan canas y caminan más pausado, se permiten hablar de globalidades. Un poco, sólo un poco, miran a los ojos a los familiares del paciente (nunca mejor dicho, porque esa situación sí que es el colmo de la paciencia), y hablan a las personas, no de una máquina, sino de otra persona. Un flash de ternura ahí, una pizca de comprensión, un plantearse cosas y un dudar... Hablan de una persona a la que quieren devolver a la vida "normal", y que su cuerpo dirá. Lo dicen bajito, se los ve humanamente inseguros, humanamente relativos, y prudentes, y serenos. Habrán visto de todo, de los que salen, de los que no salen... Y de los que salen... pues todos sus matices.
Y yo me pregunto, ¿vida normal?, ¿que su cuerpo dirá?. Pero ¿su cuerpo no ha hablado ya?. ¿Qué más ha de decir su cuerpo?. Y, dicho de otro modo, ¿se le escucha a ese cuerpo?. Y ¿qué va a ser vida normal?...
Me viene recordar la frase de Xavier Serrano, yo que me he dedicado bastante al acompañamiento en el nacimiento y la crianza, "nacemos mal y morimos peor".
Sala grande, espacio amplio, boxes... Se van ocupando y desocupando... La u.c.i. de un hospital. Cada uno con su particularidad, con el material que dictamina el protocolo... ¿Su cuerpo dirá?.