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domingo, 27 de marzo de 2016

niño herido...

(Se lo quiero dedicar a ese otro niño herido, ya hombre, el que, desde su propio desgarro, me hizo el mejor de los regalos).

Apareciste poco a poco, entraste lentamente, desviando la vista, acercándote sigiloso. Una mirada furtiva y te fuiste a sentar al fondo de la sala, girado hacia la pared. Me senté a una distancia prudencial, ahí donde sentí que no te incomodaba, y esperé un rato. Tus ojos de nuevo, rápidamente, se cruzaron con los míos. Un flash, casi nada, pero tanto... había tanto ahí... Fue una súplica, un "¿me vas a hacer daño?", un "estate conmigo", un grito. Te escribo hoy, niño herido, a raíz de ese instante que me atravesó y se quedó grabado. Dos miradas, dos almas, dos cuerpos, compartiendo un espacio y un tiempo. Nada que ver, apenas nada que ver el uno con el otro. Tú iniciando la vida, yo ya en su mitad; tú a ramalazos y borbotones, yo ya con más pausa que prisa; tú a seguirme, yo a indicarte... Dos planos en un mismo espacio, en un mismo tiempo. Dos planos que se encuentran, apenas algo. Y en ese "algo", la esencia de la vida, niño herido. La esencia de nuestras vidas, la tuya, la mía.

Porque mis ojeras toparon con las tuyas, y mis guerras y tus guerras se fundieron en la profunda sensación de opresión injusta... y la rabia... y la pena que eso conlleva. Yo ahí estaba, con lo mío, ¿te creías que no, niño herido?, ¿me pensabas tranquila y feliz?, no... Y lo sabes, niño herido, en el fondo de ti lo sabes perfectamente. Yo ahí estaba con mis cicatrices, y con algunas roturas y rasguños, algunos tan recientes que sangraban. Yo ahí estaba, sentada, en esa prudente distancia, con mis pesos del pasado y del presente, con mis amores y odios, mis dudas y mis verdades. Ahí estaba, con mis desgarros y sus ciertas reparaciones; habiendo sufrido sed y hambre, como tú...
Vale, sí, nutrida también, cierto, porque la vida me ha dado, me ha hecho sentir que tengo, y que por ello puedo dar. Sí, con más sujeción, para poder ayudarte a ti a sujetarte, sí, con más trabajo hecho, porque con mis años me ha dado tiempo. Es verdad, estoy en posición de poder ayudarte, en posición de poder sostenerte, de ofrecerte esa mano más firme para que la tuya, desconfiada, se agarre.
Pero querido niño herido, ni a ti ni a mi nos recibió el mundo con respuestas sensitivas, adecuadas a nuestras demandas, a ninguno de los dos supieron mirarnos nuestros mayores para adaptarse a lo que necesitábamos. No recibimos el apoyo incondicional, el acompañamiento perfecto, el absoluto respeto a nuestros ritmos. No, no fue así, como sucede en miles de casos, es verdad. No fue así y nos vimos, nos vemos, abocados a mendigar amor, y luego a enfadarnos porque no lo recibíamos, y más tarde a entristecer o a ignorar, disociando.




Pero, ¿sabes?, ya hace muchos años que a mí me acompañan en un largo proceso para desbloquear lo bloqueado, para abrirme al goce de la vida y reaprender a disfrutar. Y siento que va dando sus frutos, que vale mucho la pena, y que, como tú has dicho (sí, lo has dicho tú, y me encanta), "lo mejor está todavía por llegar". A mí, a mi edad, me ha venido pasando así, abriéndome a la vida, ésta se ha encargado de ofrecérseme de la forma más sorpendente. ¡Vaya regalo!. Querido niño herido, ¿sabes?, confío plenamente en tus capacidades, sé ver el potente cachorro humano camino de convertirse en un fuerte joven. Dame la mano, no temas. Te acompaño a la puerta de salida para despegar el vuelo. Sé que la vida desea que la vivas, que está esperándote, ansiosa porque la experimentes, te adentres en sus entrañas, la saborees y le des los mordiscos que le quieras dar. Ya... ahora te parece lejano, casi imposible... Dudas muchas veces y te enroscas en ti mismo, con una queja, un mohín, un "estoy cansado...". Bajas la cabeza, se te encojen los hombros y se te hunde el pecho. No, no te rindas querido  ¡Que tú puedes!, Confía, tú puedes y vas a hacerlo.

Fue mágico, tras ese momento, ese cruce, esa empatía que trascendió lo entendible, una sonrisa tuya, otra mía. Surgió la sensación de tener en común algo que une irremediablemente.
Porque, querido niño, tu herida también ha sido la mía.

 Desde ahí, y no desde otro sitio, te acompañaré a volar.

martes, 26 de enero de 2016

El proceso de maduración del "cachorro humano"



Recupero aquí un resúmen de mis apuntes en la formación de Especialista en Intervención Preventiva, (Ecología de Sistemas Humanos) de la Escuela de Terapia Reichiana. Estos conceptos ha sido varias veces expuestos en charlas y grupos de crianza, pero siento de interés volver a sacarlos aquí a la luz, dada la cierta receptividad que percibo, desde varios sectores, para entender qué sucede con las fases del desarrollo y cómo nos situamos en torno a la crianza.

Así pues, inicio con una cita:

“Dando crédito a las palabras de Van Gogh cuando escribía el arte es el hombre agregado en la naturaleza, podemos afirmar que Wilhelm Reich fue un artista y un investigador del arte; porque toda su vida, reflejada en su obra, fue un intento por descubrir las leyes funcionales del animal humano y los medios para recuperar su naturaleza específica”. X.Serrano y M. Sánchez Pinuaga, “Ecología Infantil y Maduración Humana”.

Exponemos a continuación brevemente, y tal como se manifiesta en el título, el proceso de maduración del “cachorro” humano. Partimos del legado de Wilhelm Reich y consideramos que para estudiar al hombre, al niño que se hace hombre, hemos de tomar una visión integral y englobarlo en la naturaleza para seguir el sentido propio de nuestra especie. Lo humano y lo natural forman un contínuum. Ciertamente, el hombre pierde su naturalidad en pos de lo social, pero eso le lleva a la enfermedad.

Pensamos que la salud es una utopía y que las dinámicas que se llevan a cabo en la sociedad actual, por la rigidez, la falta de contacto con los ritmos naturales, la prevalencia del miedo y el individualismo, no nos acercan a esta anhelada salud, entendida tal y como la OMS se encargó de definirla.


Consideramos que la maduración sigue una lógica funcional, la naturaleza no es mecanicista, los procesos vivos no son rígidos. Destacamos, para esta breve exposición del proceso de maduración del mamífero humano, los siguientes conceptos clave para entender nuestra teoría: estructura de carácter, biopatía, teoría de los tres cerebros, maduración céfalo-caudal.

Por estructura de carácter entendemos la forma en que se ha organizado un individuo, cómo le llega el mundo y cómo es capaz de interactuar con el entorno y consigo mismo. Entran aspectos bioenergéticos, psíquicos, caracteriales y musculares. Depende la estructura de carácter de la predisposición constitucional, el metabolismo energético, las relaciones familiares infantiles, los bloqueos musculares, el funcionamiento neurovegetativo y la realidad actual del sujeto.

Reich introdujo el término Biopatía para referirse a alteraciones globales del organismo. En palabras del propio Reich: “es una patología con origen en una disfunción (contracción) del sistema nervioso autónomo que altera toda la función biológica de la pulsación plasmátia del organismo”. El organismo está totalmente implicado, aunque algunos segmentos estén más afectados que otros. A nivel celular encontramos una situación de retracción, un terreno energético deficitario.

La teoría de los tres cerebros es una aportación que recogemos de McLean. El encéfalo está estratificado evolutivamente en tres niveles. La parte más antigua es el r-complex o complejo reptiliano, encima se desarrolla la corteza límbica, que es común en los mamíferos primitivos, y sobre ella está el neocórtex, que empiezan a tener los primates y, mucho más desarrollado, el ser humano. El r-complex se relaciona con lo instintivo, la afectividad y la emoción están en el límbico y los procesos cognitivos superiores se sitúan en el neocórtex.
 
Maduración céfalo-caudal hace referencia al proceso de desarrollo del ser humano, de la cabeza a la pelvis. Cuando nace un bebé su cabeza es grande en relación al resto de su cuerpo, así también tiene mucha más funcionalidad: la boca le permite mamar con fuerza, puede oir, puede ver... pero sus movimientos son todavía torpes. Poco a poco se irán integrando las manos, el cuerpo entero.
 
Período crítico biofísico. (hasta final del primer año de vida). La energía está concentrada en los primeros segmentos (ojos, boca). Es un período delicado de desarrollo del ser humano. Nacemos frágiles, necesitamos un período de unos nueve meses más de cuidados prácticamente como si estuviésemos en el útero materno. Esa fragilidad también nos permite una gran plasticidad. En el momento del nacimiento las neuronas corticales están muy separadas y hay pocos brotes dendríticos, es decir, hay pocas interconexiones entre ellas. Interferencias exteriores (ambiente agresivo) perturban de forma considerable el trabajo de integración interneural. El nivel de carga energética del primer segmento modula estas interconexiones entre neuronas, que serán la base del ser humano pensante con conciencia de lo que siente. Sin contacto maternal se ha observado que se reduce la arborización dendrítica.
 
Fase oral primitiva (de 0 a 3-4 semanas, parte también de vida intrauterina). Existe predominancia del cerebro reptiliano. Gobiernan los instintos, lo neurovegetativo. “ Es bien sabido que, en el hombre, por la extraordinaria prematuridad de su nacimiento, este periodo de troquelado o de urdimbre tiene una importancia mucho mayor que en el resto de los animales. Hay en el momento de nacer tres inmadureces básicas: la de su sistema nervioso, la inmadurez inmunológica y la inmadurez enzimática”. Carballo, 1972, citado en “Ecología infantil y maduración humana, de Xavier Serrano y Maite Pinuaga. Experiencias distresantes en este periodo configuran las características propias de una Estructura Mimética-Psicótica. En este caso, cuando ha habido un fuerte impacto agresivo del medio (madre ausente, poquísimo contacto con la madre, pocos cuidados, enfermedades, ingresos hospitalarios...), no hablamos de carácter, porque el sujeto no va a poder organizar un “yo”. Los primeros segmentos están alterados, existe poca vitalidad y el sujeto tenderá a mimetizar con el ambiente. Cuando se descompensa el equilibrio estructural aparecen las biopatías primarias, enfermedades graves, que, como hemos dicho, afectan al organismo en su totalidad, son degenerativas.
 
 
Fase oral primaria (de 4ª semana hasta 1 año de vida aprox.). Es un período biológico de maternage. Aquí se conforma la primera identidad biológica. Se desarrolla el sistema límbico. Pasamos a lo neuromuscular, el cuerpo va adquiriendo más autonomía, se puede mover más y con mayor control. “Todo recién nacido tiene su propia individualidad, su nota emocional peculiar y es preciso conocer esa nota si se pretende comprender sus reacciones emocionales.- Reich,1948-. Es lo que Navarro describe como yo biológico, que va dando paso al yo psíquico-identidad del yo”. X. Serrano y M. Sánchez Pinuaga, “Ecología Infantil y maduración humana”. Experiencias distresantes en este periodo configuran las características propias de una Estructura Nuclear-Fronteriza con núcleo psicótico, con muy poca o nula satisfacción oral. Descompensaciones en el equilibrio que puede alcanzar el sujeto (siempre tendemos a la supervivencia y buscamos compensar como sea) pueden llevar a biopatías secundarias, enfermedades también degenerativas como las del grupo anterior, pero con mejor pronóstico ya que el indivíduo tiene mayor carga energética.

Fase oral secundaria (de 12 a 36 meses aprox.). La energía baja a los segmentos siguientes: cervical, torácico, diafragmático, abdominal (en éste último ya se produce el pasaje de la oralidad a la genitalidad).

Adquiere funcionalidad el neocórtex, necesario para la posición erecta. Nos da la dimensión espacio-temporal. Ya tenemos la posibilidad de realizar procesos cognitivos superiores (representaciones, simbolizaciones, razonamientos)

Una aportación posreichiana considera que aquí existe la primera diferenciación sexual: tener o no tetas.


La figura del padre se hace cada vez más presente.

La represión y conflictos en este periodo dan lugar a mecanismos de defensa psíquicos y musculares que configuran la Estructura Nuclear-Fronteriza con núcleo depresivo. Existió cierta satisfacción oral pero hubo una brúsca pérdida de ese contacto (un destete...). Las alteraciones, que ya no son biopatías, son enfermedades somatopsicológicas. Se huye de la angustia a través de la enfermedad, el cuerpo habla a través de ella.

La base genuina del "fronterizo" es la ambivalencia, que es lo que vivió tempranamente, por ejemplo, con la desaparición brusca del pecho, pero no de la madre, presencia intermitente de la misma, etc. Esto provoca mucha rabia contra un elemento al que no se puede agredir porque se lo necesita. Es el momento de una gran funcionalidad energética de la boca, los otros segmentos se van añadiendo pero la boca ha sido la zona de conexión con la vida, la que ha ido ayudando a integrar el entorno mediante el tacto de los labios, el gusto, el alimento... Si hay frustración de base, el proceso de separación-individualización, la autonomía, en definitiva, no se va a poder trabajar bien. Esta frustración produce bloqueos musculares, en los ojos por ejemplo, donde hay fuerte tensión. Es frecuente la rabia oral, la destructividad.

La etapa anal y fálica, son reactivas, son “normales” pero no se dan en un proceso de desarrollo saludable.

“La primera integración que hemos de alcanzar es la propia, y se cimentará en el hecho de sentir el cuerpo entero, de identificar la totalidad que somos. De esta primitiva realidad corporal trascenderemos hacia otras más simbólicas y sociales, pero el Yo primero es cuerpo”. María Montero-Ríos en “Saltando las Olas”

Fase genital (de 36 meses a 6-7 años)

Debería darse aquí una funcionalidad armoniosa del córtex, el límbico y el cerebro reptiliano. La energía baja a la pelvis.

Hay una identificación con el progenitor del mismo sexo y atracción hacia el progenitor de sexo contrario. El niño necesita mostrarse y que se le reconozca.

Entramos en lo social. El niño necesita oportunidades para la satisfacción sexual con sus pares, ir más allá del autoerotismo.

El complejo de Edipo, no se daría en una sociedad saludable. En la Es.Te.R. se habla de un Edipo Positivo Referencial como forma de facilitar al niño la referencia paterna pero sin anular, dejando libre la expresión. Los progenitores deben tener una identidad sexual definida y asentada para facilitar este proceso a sus hijos.

La represión en esta fase da lugar a la Estructura Adaptativa-Neurótica.
Si se imponen importantes trabas en el desarrollo del individuo aquí, pero medianamente ha vivido en un ambiente acogedor y ha tenido un buen maternage, el sujeto ha podido estructurarse y ahora tiene fuerza para realizar un proceso defensivo que le permita sobrevivir en su ambiente.

Son cuerpos de alto tono, hipoventilación, tendencia a las contracturas, placer limitado y roles bien asumidos. El neurótico tuvo su “gran problema” en la época edípica (3 años aproximadamente), cuando existe el descubrimiento del cuerpo, de la sexualidad. Por trabas, represión, en las manifestaciones de sus pulsiones (masturbación, interés sexual, conductas seductoras...), el Edipo no se resuelve, hay una fijación, se agarra el sujeto a pseudo compensaciones, y eso le permite no sufrir mucho, aunque tampoco sea mucho su goce... En su realidad actual, el neurótico es un ser adaptado básicamente, que vive su vida con “normalidad”.

El carácter sano, genital, es una utopía.

En relación a la entrada a lo social, y ya que la escuela juega aquí un papel tan importante, ofrecemos algunos apuntes acerca de la Educación: (sobre “Summerhill”, de Neill, expuestos por Inma Serrano y Jordi Martínez, de “Donyets”)

- El concepto de autorregulación
- Libertad es diferente a libertinaje
- Autoridad: anónima, evidente, natural

- Programas:lineales,circulares, flexibles

Autorregulación es un término elaborado por Reich, que contrapone al concepto de sublimación. Reich considera que el niño puede crecer sin que se le imponga una moral porque es naturalmente bueno. Las pulsiones destructivas son secundarias, fruto de la represión de instintos naturales que deberían respetarse. Igual que la naturaleza se autorregula, igual que lo hacen plantas y animales, así el niño, si lo dejamos, sabe igualmente qué cantidad comer, abrigarse o no según siente, correr si hay peligro, etc.


Libertad vs libertinaje. Defender la libertad puede llevar a malos entendidos y hacer pensar que es dejar al niño que haga lo que quiera siempre y en todo momento. La libertad que tiene el niño por derecho no está reñida con lo que llamamos límites estructurantes. El adulto no ha de delegar en el niño responsabilidades, decisiones, para las que no tiene madurez. El adulto ha de acompañar al niño en su crecimiento. El niño, a la par que es respetado, va aprendiendo a ver y a respetar al otro.

Autoridades diversas. La autoridad evidente era la que se usaba en nuestras escuelas hasta hace una generación más o menos Hoy, en educación, existe una autoridad anónima, que es sutil, que es muy peligrosa porque hace creer al alumno que es libre. Es la autoridad del que seduce “para llevar a su terreno” al seducido. Los niños aprenden contenidos adulcorados sin plantearse si realmente son importantes para ellos. Por el contrario, la autoridad válida sería la natural, la que viene por méritos propios de la persona que la ejerce. El educador puede tener autoridad porque es un adulto maduro con recursos y capacidad para acompañar al niño, desde el respeto y la confianza en su desarrollo. Esta autoridad te la dan, no la impones artificialmente.

Programas lineales, circulares, flexibles. La educación convencional se ha basado en programas lineales, con sus temarios y objetivos. Poco a poco se ha ido introduciendo un modelo en espiral, que considera que no aprendemos en línea sino en círculos que se van agrandando. Inma Serrano y Jordi Martínez, de Donyets (escuela libre vinculada a la Es.Te.R., Valencia) exponen como más adecuado y real un proceso de aprendizaje en el que se van siguiendo trazos caprichosos, de inicio y final no definido, de recorrido aleatorio. Así aprenden los genios, así es como los niños, si los dejan, empiezan a experimentar con el mundo. Es la forma en que el conocimiento y el trabajo van unidos a lo lúdico, al placer.


domingo, 17 de enero de 2016

bebé Bescansa. (Alguna aclaración acerca de la crianza con apego)

Te ví el otro día, y me llamaste la atención, salías en todas partes, los medios de comunicación de todos los colores sacaban portadas en las que estaba tú y tu mamá, y algunos compañeros de tu mamá también, cogiéndote a veces, haciéndote mimos, el sitio de trabajo de ella, en el lugar en el que le tocaba trabajar ese día, vaya. Era algo especial, muy importante. Unos han aplaudido a tu mamá, otros la han criticado, y a casi nadie ha dejado indiferente verte ahí, en un lugar en el que se hace extraño ver a una madre con su criatura.
Resulta que estos días os habéis convertido en foco de polémica. A nivel inernacional incluso. Algunos también dicen que no hay que centrarse en eso, que son detalles, que son menudencias, que distraen...
Yo, sin embargo, creo que es una buena oportunidad para situarnos un poco más en un tema que no tenemos en absoluto claro, algo sobre lo que hay muchas opiniones, pero en lo que estamos pez. Es el tema, el gran tema, de la crianza y la educación. Sí. Y es mi gran tema además, en el que llevo zambullida décadas. Por eso ahora también hablo.
¿Cómo se desarrolla el ser humano?, ¿Cuánto de determinantes son nuestros primeros años?, ¿de qué modo hemos de trataros, cachorritos humanos?.
Eso, ¿Cómo hemos de manejarnos con vosotros, pequeños seres indefensos, dependientes como los que más en el reino animal?.
Muchos nos lo hemos planteado, y muchos han iniciado desde hace tiempo el camino de entender lo que va sucediendo en un biosistema que parte de dos células para convertirse en un todo complejísimo y grandioso. Y tener, como tú tienes ahora, esos ojitos expresivos, los impulsos que llevan a moverte y a comunicarte, esas imagenes mentales que vendrán después...Quiero hablarte de ello, quiero dirigirme a ti hoy. Quiero que de paso llegue a quien quiera y tenga interés.
¿Sabes?, cuando se lía la polémica de si has de estar ahí tú, de si te están utilizando, de que por qué no tu papá, etc., tu madre sale al paso y explica a los medios que que está haciendo contigo una crianza con apego, aparte de que la guardería, dice, no te admite hasta los 6 meses. Creo que es eso lo que dijo.
Estabas con ella ese día, entraste en ese sitio que se llama Congreso, y ahí estuviste el rato que hizo falta, en brazos de mamá básicamente.
Se ha hablado mucho, se sigue haciendo, y desde muchos puntos de vista: el feminismo dice que tu mamá ha echado por tierra lo que tanto ha costado conquistar a la mujer, su libertad. Hay quienes la han tachado de frívola, por montar el numerito... Hay quienes la defienden explicando que es una manera de hacer ver el gran problema de la conciliación trabajo-familia en las mujeres.
Y yo. a todo ésto, me pregunto por ti, por ti en concreto. Qué pudo ser tu viviencia ese día, incluso antes de entrar en la vorágine social de voces, revuelo, olores, colores, luces, sonidos, que fue el Congreso para ti. Ese día debiste notar algo más de trajín en casa... Te levantarían, arreglarían... Mamá estaba por ahí, con su olor característico, los gestos y sus tonos... mamá estaba...y no estaba. Porque tiene entre manos algo muy importante, a nivel profesional, y también personal, estoy segura. Aquí un gran punto que quiero señalar y llevar a la reflexión sobre el apego y la primera relación con la madre. Ese estar, pero no del todo. ¿Cuántas veces su mirada marcharía?, ¿cuántas veces tuvo que atender una llamada que interrumpió vuestro diálogo?. ¿cuántas veces notaste que se rompía tu ritmo?.
Bebé, tú todavía no puedes entender más que de abrazos, calor, contacto y presencia. Y es lo que se necesita, sobre todo, en el primer año de vida. En esa etapa que algunos han venido a llamar período crítico biofísico. Es donde queda marcada la identidad biológica, la base sensorial, corporal. Y es la estructura a la que luego añadiremos cognición, cuando el córtex, la última capa del cerebro, esté preparada, que es alrededor de los dos años. Es el momento en que se expresa a través del cuerpo, y la madre, o cuidador principal, da presencia con su respuesta sensitiva. "Lo que expresas tiene senido, estoy aquí, bebé, cariño mío, para recoger tus miedos, para darte calor, alimentarte en todos los sentidos, recoger y contener tu llanto...".
Crianza con apego... Ahora se habla mucho de ello, está de moda y me parece estupendo que así sea. Vemos a madres con sus hijos en brazos, comprando, dándoles el pecho, paseando, hasta en clases de baile o de yoga... Apego... Ya planteó Bowly, psicoanalista, clásico autor en el tema de relaciones de bebés con sus cuidadores, la importancia de un apego seguro, que es la base para crear una buena estructura en la persona, y capacidad para relaciones saludables.
Wilhelm Reich, también psicoanalista, habló y expuso con coraje y contundencia, sobre la necesidad de cuidar a la vida desde el inicio, poner énfasis en las crianzas, educar y acompañar a seres que vienen al mundo.
Pero, cuidado, apego no es llevar al niño a donde el adulto, apego no es ir con el niño a todas partes, (a todas partes del adulto). El primer año de vida requiere una exquisita adaptación a las necesiades del bebé, requiere una entrega total por parte de quien cuida, para ayudar a formar, a grabar profundamente el mensaje: "lo que hago, digo, temo, quiero, tiene sentido... Yo tengo sentido, yo soy, porque tú me miras, tú estás ahí". Esa es la cuestión. Si vamos desde el mundo adulto imponiendo ritmos a tan tempranas edades, podemos crear una hiperdaptación por parte del bebé, y eso tiene consecuencias para su salud. Será un ser con apego inseguro. "Estás pero no estás...".
No quiero ponerme dramática ni rígida. Y además, dicho sea de paso, admiro en muchos aspectos a tu mamá. Bien pudo ese día, ser sólo un día, entre muchos que tengas de bienestar, bebé, con respeto a tus ritmos, con tus olores familiares que vas conociendo, en tu espacio que vas integrando, con tu pecho a demanda, tu sueño que se respeta, y tus ganas de jugar, tu gente... Puede ser. Ojalá. Y ojalá la sociedad vaya integrando ésto, porque es la vida, y nos va la vida en ello. Crianza saludable es la que respeta el ritmo natural de crecimiento, y ese ritmo, en un cachorro humano, necesita total atención a sus necesidades en el primer año fundamentalmente. Presencia de quien cuida. Es lo que tiene ser mamífero.
Te ví, y como a muchos otros, me llamaste la atención. Algún día tu mamá y tú lo comentaréis. Y ojalá, por un lado u otro, hayas podido disfrutar mientras tanto de esa crianza con apego, y con presencia.


domingo, 27 de diciembre de 2015

Sobrepasados...

Días de consumo, de experimentar la abundancia con comidas y cenas copiosas, de compras al límite de las posibilidades, dias de colas, luces y sonidos... Días excesivos muchas veces, demasiadas. Especialmente excesivos para los pequeños de la casa. Quiero poner énfasis en ello, señalarlo y llevarlo a la reflexión desde diversos puntos de vista. Como quien saca a relucir un objeto escondido e invita a verlo desde arriba, abajo, por diferentes lados...
De exceso hablaba, en relación a cómo pueden vivir en general los pequeños de la casa los días festivos de Navidad. Y los previos también, cuando los preparativos en casa y en el colegio.
Al decir exceso, me refiero a la incapacidad para digerir adecuadamente la estimulación recibida. Cuanto más pequeños, más inmaduros y por tango más incapaces. Cuando un sistema recibe más inputs de la cuenta, se sobrecarga, digamos que no metaboliza bien, que se indigesta. Signos visibles de ello pueden ser indicadores biológicos o sociales tales como trastornos en el sueño, irritabilidad, resfriados, trastornos digestivos, malhumor... 
Eso les suele suceder a los niños en estas fiestas llamadas navideñas, que son también de fin de año y reyes. Y además, de las que se dicen que ellos son los protagonistas. Bueno, eso dicen los adultos. Pero...
Empecemos por las previas, la prenavidad. En el colegio "normalizado" de turno, se empieza a preparar la Navidad (me ha salido con mayúscula ahora, vaya...). Y es algo muy importante, les llega a los alumnos. Hay un festival de fin de trimestre en el que las diferentes clases exhibirán sus bailes y dotes artísticas. En el teatro o similar (depende de los recursos), habrá una representación del Belén, con sus pastorcillos, la virgen, San José, el niño, los angelitos, la estrella... Eso que ven los papás y mamás, y demás familiares, en un rato, pongamos una hora aproximadamente, supone más de un mes de ensayos. Entre clases, tras las clases, comiéndose al recreo...
Suele pasar, no es difícil imaginarlo, que desde dirección sienten jugarse el prestigio, y lo mismo pasa con el resto del profesorado. Así los niños reciben la presión por que salga bien algo que, si en algún momento les gustó un poco, empieza a perder toda la gracia al tercer grito nervioso de cualquier maestro que exija la perfecta puesta en escena. No se ha tenido en cuenta sus ritmos, no se ha transmitido el gozo de celebrar algo que tiene una profunda significación arraigada a la vida. A los niños pequeños les sobrepasa el festival navideño. 
Y vamos ahora con el chantaje emocional. Tanto en el colegio como en casa se empieza a hablar de la venida de unos seres mágicos, que traen regalos a los niños si se han portado bien. Que los van mirando, les dicen, que los observan (un Gran Hermano en casa y... En todos lados). Sobre los 5 años se empieza a desconfiar... Pero antes, antes hay un pensamiento "mágico fenomenista" por naturaleza, que se debería dejar fluir en un contexto respetuoso y cuidado. La presencia todopoderosa de esos seres que traen juguetes, hecha al gusto y medida de los progenitores que le toquen al niño, distorsiona, confunde y, en algunos casos, crea miedos, inseguridades y culpabilidad.
Añadimos que se lleva a grandes almacenes y centros comerciales a esos niños. Sitios de sobreestimulación lumínica, de sonidos, olores... No están los pequeños preparados para tanta información de golpe, tanto imput que pelea por ser él el que llegue a la retina, a los oídos, al deseo... No se coloca bien, no se filtra, entra de golpe, invade, desordena... A los niños les sobrepasan los centros comerciales y sus derivados.
Como les saturan las eternas reuniones familiares con gente que no conocen tanto, que no son de su entorno inmediato, que ponen nerviosos a sus papás, que les piden cosas contradictorias, como que no hablen, o que canten aquella canción tan graciosa... Gente que no los mira, que no atienden a su sueño, a su curiosidad tranquila por aquél juguete que papá corre a desempaquetar...
Suelen ser días de exceso éstos. Cierto desenfreno y reactividad, querer los adultos proyectar en los niños nuestras carencias, utilizarlos como excusa...
Pero también podemos parar, observar cómo la vida renace en cada uno de ellos, nuestros pequeños. Podemos silenciar la algarabía y dejarnos sentir. Y que los olores entren poco a poco, y las luces, y el tacto... Lentamente, suavemente... Podemos disfrutar del calorcito de un cuerpo que se acurruca a nuestro lado, de unos ojos que preguntan... Es posible...
Aunque  las luces ahí fuera son tan potentes, tan llamativas...
Días de exceso, éstos...

martes, 3 de noviembre de 2015

LLegados a este punto... (acercándose a la mitad de la vida...)


Llegada a este punto, ha pasado el tiempo suficiente para haber experimentado qué es eso de ver nacer, y qué es ver a alguien morir. He visto los ojos ávidos, tremendamente vivos, sorprendidos, buscando la teta para mamar, buscando mi olor, para recogerse en mí, recién salidos de mí... He visto lo que sucede en las últimas, cuando vamos a partir a no se sabe donde: el miedo, el desespero, la rabia, la negación y finalmente la entrega... Han dejado este mundo seres muy queridos míos.

He vivido lo necesario para ver procesos vitales, (valga la redundancia) me he sentido privilegiada espectadora en platea de vidas de otros, cercanas. He visto nacer, crecer y acorazarse, a los que en un día fueron cachorritos humanos espontáneos. Ya he podido ver lo que se intuía, o lo que sabía de libro o me contaban mis maestros. ya lo sé. Esos cuerpos ya se han estirado hasta dejar el torso plano, o se han doblado tanto que parecen miradas clavadas en el suelo... Han sido caminos largos, imperceptibles en el día a día, pero ahí están. He visto cómo hablan, miran o se mueven ahora. Supe en su día de sus sueños y anhelos y los veo habiendo entrado en esa rueda que parece ineludible. Ahí están dueños hoy del discurso que en su día les llegó de sus padres, olvidados de sus ilusiones en muchos casos, reprimiendo a sus hijos, tan alejados de ellos y sus problemas reales, que parece imposible que un día ellos vivieran lo mismo.

Sé qué sucede cuando no se ha estado presente, ya sé qué sucede con los vínculos, con los apegos. Sé del peligro de caer en abismos por no haber recibido estructura en su momento, y eso pasa muchísimo más de lo que podemos imaginar. Mucho, mucho más. Sé del dolor de la incomunicación, cuando dos seres humanos hablan sin entenderse, si poder llegar al otro.

Conozco los equilibrios precarios para irse manteniendo, para no resbalar. Me he asomado a un montón de esos mecanismos de defensa que utilizamos para ir tirando, respirando, sobreviviendo... "Pobrecito de mí", o "yo me adapto", o "yo puedo, puedo con todo, soy fuerte, omnipotente", o "no necesito a nadie", o "yo te complaceré hasta el infinito, yo satisfaré todas tus necesidades", o... cualquier papel desempeñado, cualquier disfraz para funcionar en un mundo que se sintió hostil. Cualquier cosa para ser aceptados, formar parte de...

Y aquí, ahora, en este momento, ya he visto caer a muchos. Ya han sucumbido, o casi, tras procesos de autodestrucción que han durado décadas, o toda la vida, a veces... Y me cuesta entender que si uno no se sintió amado, no puede amar, ni siquiera amarse. Me cuesta mucho esfuerzo comprender qué le lleva a uno a la aniquilación, a no querer vivir y expandirse, por tabaco, café, alcohol, vida sedentaria y pasiva, mala alimentación... He visto verdaderos contenedores humanos de porquerías, propias y ajenas. Y cómo han llegado, destrozados, a su cuarentena... los que han llegado...

Y en este momento, también, me sorprendió la vida, porque las corazas se han ablandado y ha salido el cuerpo, sus flujos, sin miedo, potentes, sonrientes, Ya sé que se puede arriesgar, que se puede salir de lo preestablecido, que más allá de la cueva platónica hay vida pulsante en sus colores más nítidos. Sé que no es necesario mucho de lo que creemos imprescindible. He acompañado procesos en los que ha entrado la luz de pleno, vidas que se han fortalecido y han cambiado las prioridades. He visto otro tipo de nacimientos, y otro tipo de muertes. He visto, y soy privilegiada acompañante de ellos, niños que juegan libres, que aprenden libres y libres se expresan.

Y he podido conocer ahora, gente comprometida, apostando por aportar vida a la vida, y expansión, contacto, entereza. A través de la danza, de la expresión en cualquiera de sus formas, valientes, admirables...

Llegada a este punto... básicamente me alegro. De estar viva y de la cantidad de experiencias acumuladas. Se han ido sucediendo etapas, el tiempo con su relatividad ha ido pasando, y los espacios también, y en ello, las relaciones, los vínculos, los amores y desamores, los desgarros y los júbilos.

Siento acercarme a la mitad de la existencia, me di cuenta un día, me entró ese sentir sin más, a gusto, mientras nadaba. Suele sucederme últimamente bastante, me sorprenden emociones con sus matices, toman forma, y las acojo encantada. Nadaba, digo, aunque a veces es cuando paseo, cuando bailo, o me siento en cualquier lugar en el que se está a gusto. Apareció. "Ya han pasado años, bastantes, y sigo sintiendo el cuerpo latir con fuerza, en cada brazada, notando el agua fresca, juguetona, la expansión en cada avance, el placer del movimiento...". Y esa sensación me siguió acompañando en la cotidianidad, en el día a día, en mis tareas, mis ocupaciones varias... La colada, la compra, la comida, los pacientes, los talleres, los grupos de crianza, las clases de expresión... "Estás viva, estás pulsando... estás".



En este momento, ya he llorado un montón. Y de eso, sí, también me alegro. Siento las grietas de mi coraza por las que puede salir algo de mí, y por las que lo que me rodea, los que están a mi alrededor, pueden entrar... No son muchas, ni muy abiertas, eso también lo digo, pero es lo que hay... Llegada a este punto...





jueves, 11 de junio de 2015

estoy contigo (un maestro a un adolescente rebelde)

Gritaste y se enfadaron, lo sé, insultaste y golpeaste fuerte... contra lo que encontraste... sí, lo sé, a cosas y personas, a lo que tenías a mano, y a ¡pie!. Vaya patadones, tío. te vi. Y los vi a ellos. Unos tratando de gritarte más fuerte, otros acobardados, acojonándose delante tuyo, mirándote como a un bicho raro. Ya les vale a toda esa panda, ya les vale.
Se alejaron, los unos y los otros, murmurando, amenazando, mientras tú seguías fuera de ti, sin saber qué hacer, perdido, sin rumbo. Solo, muy solo. Medio llorabas. Entonces me acerqué, y no recuerdo qué te dije, alguna palabra tonta de consuelo, alguna frese semihecha, no recuerdo... Recibí un "¡cállate cabrón". Tajante, directo... Y sincero. Me callé. Permanecí un rato a cierta distancia tuya, observándote encogerte en aquél rincón del aula vacía. Ahí empezaste a soltar más llanto, más, y salió un chorreón de dolor entre lágrimas y suspiros. Sobrecogedor.
Me miraste al cabo de un rato, no sé cuánto tiempo pasó. Seguía ahí, de pie, observando tu pelo revuelto, la ropa sucia... Te sentía cada vez más pequeño, más frágil. Te pregunté si querías que marchara y me dijiste muy bajito: "quédate...". Como un susurro.
Puse mi mano en tu hombro y poco a poco te levantaste. "... imbéciles cabrones hijos de puta...". Te acompañé a la salida del centro. Caminabas lento, casi arrastrando los pies. Doblaste la esquina del insti y volví a mi clase.
Un montón de comentarios, de quejas, de dimes y diretes, por los pasillos. Que si no puede estar aquí, que si qué se ha creído, que habrá que expulsarlo, que si llama a sus padres. Profesores y alumnos, revueltos.
Yo estoy contigo, quiero que lo sepas. Te entiendo, ¿sabes?. No se puede ir por el mundo dando hostias, claro, no es que esté a favor de eso. Pero te entiendo. No tienes de momento otro recurso y utilizas ese.
No eres débil, has mamado fuerza. Pero algo ha pasado en tu vida que te ha hecho acumular un dolor terrible. Y una rabia terrible. Lo sé. Y te provocan a veces, lo sé, de formas muy sutiles. Y la sacas, esa rabia, esa destructividad, siempre que puedes, cuando se te dispara. Y ¡zas!, la armas. Tío, la armas. Y te estás jugando la expulsión.
Estoy contigo, que lo sepas. Tienes tus motivos, aunque te pierden las formas. No sabes utilizar otras. He visto el miedo que ocultas tras esa coraza mal montada de tío duro. Temblabas... Pero es que ¿sabes lo que pasa?, que pocos saben leer eso, muy pocos. Muchos ayudarán a los flojitos, esos a los que les cuesta, o a los que les pegan y no saben devolver... Sí, esos, a los que tú alguna vez también has pegado.
Míralos, les ayudan, despiertan compasión, instinto de protección, algo así. ¿Lo entiendes?. Esos suelen recibir pronta ayuda. Está bien, no digo que no... Pero ¿quién se acerca a ti?. Si los asustas...
¿Quién puede hacer oídos sordos a insultos, a maltratos, a desaires?... Cuesta eso.
Pero, ¿es que no ven que no sabes de otra forma?. Pues no, parece que no lo ven.
Estoy contigo, que lo sepas. Que me la sudó que me llamaras "cabrón", que lo que me querías decir es que te dejara de rollos, que no estabas para eso. Y, mira, me llegó. A lo mejor de otra forma no me llega...
Me gustará acompañarte, ayudarte a canalizar esa rabia, a ir filtrando, a saber comportarte con los demás... Pero sé que es un camino largo. no quiero que te sientas culpable por lo que haces, no sabes de otro modo. Sabrás un día, no lo dudo.
Estoy contigo, ¿sabes?. no has de hacer nada para agradarme.
(Aunque, macho, a ver si controlas un poco, que te juegas la expulsión... )




lunes, 8 de junio de 2015

Nuestras formas de entender pasan por el cuerpo

Cada vez se va sabiendo más de lo que va sucediendo en nuestro cerebro a medida que vamos creciendo, desarrollándonos e interactuando con el entorno en las múltiples experiencias que tenemos, desde las que suceden en el vientre materno a las que van apareciendo tras el nacimiento. Sensaciones de todo tipo van llegándonos y las vamos integrando, primero como forma de mera superviviencia, y poco a poco pudiendo alcanzar interesantes matices diferenciales que nos ayudan a situarnos mejor, a entender más lo que va pasando y cómo hemos de irnos colocando frente a ello.
A medida que vamos teniendo experiencias, las vamos sintiendo, nos van igualmente quedando los mensajes de lo que es peligroso, lo que da seguridad, lo que es divertido... En definitiva, de qué va la vida. Según las primeras experiencias, demasiadas veces el mundo puede quedar resumido en "un espacio del que no se puede fiar uno". Sí, muy pronto aprendemos a ponernos a la defensiva y a desconfiar. No siempre, no en todos los casos, pero sí frecuentemente.
Me ha llegado varias veces la inquietud, desde unos padres que tienen a sus hijos en sus 3, 4 años. Va sobre los "mapas mentales" y "el sistema de creencias". Si se van haciendo la idea del mundo, de los que les rodea, en estas edades, me muestran los padres la preocupación sobre el "montaje" que se pueden hacer sus pequeños de cómo funcionan las cosas.
Cierto que cuando empezamos a poner palabras, se inicia el simbolismo, la imágenes mentales se van arraigando. A los 3, 4 años estamos en un inicio, y el proceso necesita de sus ajustes, sus contrastes y matices.
Por ejemplo, una niña a la que habían asustado con un "¡vendrán los vecinos!", en muchas ocasiones, por hacer ruido, pensó durante mucho tiempo que los vecinos eran seres monstruosos que le podían hacer daño. Invito a que cada uno busque en sus recuerdos, encontrará hechos similares: que se va al médico cuando uno va a morir ("me dijeron que el abuelo había ido al médico, y luego murió"), que hay temporadas en las que no se hace de noche nunca (en verano, cuando los niños se acuestan que aún es de día, y de levantan con luz solar también...), que los microbios son unos bichos malos que se meten por el cuerpo de forma imprevisible y fastidiosa...
Al ir creciendo todo se va situando desde el principio de realidad y la seguridad que va adquiriendo el niño. La seguridad. Ahí quería yo ir. ¿Cómo se adquiere esa seguridad?
Pues primordialmente, esa seguridad queda asentada en los primeros años, sobre todo en el primero. En el período de la identidad biológica.
Cada vez más autores lo señalan, y me uno a ellos. Desde Piaget, llamándolo periódo sensoriomotor, pasando por la vertiente psicocorporal del psicoanálisis que inició Wilhelm Reich, a otros autores y profesionales de la psicomotricidad y técnicas corporales. El primer "yo" es cuerpo.
Y es la posibilidad de ese profundo contacto con la vida que llevamos dentro, que se manifiesta en nosotros, que podemos ir extrapolando a lo vivo que nos rodea, desde lo más sencillo al más complejo sistema. Antes de desarrollar el intelecto, un niño sano puede entender los procesos vitales, conectar con ellos, desde la seguridad con la que se relaciona consigo mismo. La vida tiene una coherencia, un orden, una verdad, que no necesita de grandes explicaciones.
Si a un niño se le ha permitido seguir sus ritmos, si ha podido sentirse acogido y escuchado en sus necesidades, ha ido creando la tranquilidad que le da la gran confianza básica en lo que le rodea. Se le alimentó cuando necesitó, se le dio cobijo, y presencia con cálidas miradas... Tocó miles de flores, observó animales, se miró su piel cuando tuvo una herida, sintió estirarse todo su cuerpo al encaramarse a un árbol... Cualquier situación.
Si ha habido esa primera etapa "preverbal" de base, rica, cálida, estimulante y aseguradora, entrarán las ideas y nos iremos ajustando a ellas, con equivocaciones, con fallos... pero no hay que preocuparse, existen recursos desde el cuerpo que evitan que quedemos atrapados en lo erróneo. Estamos perceptivamente abiertos a la coherencia de la vida.


 Nuestras formas de entender, pues, pasan por el cuerpo.

domingo, 22 de febrero de 2015

¿qué son los límites?


Hablamos mucho de los límites hoy día, muchos colegas míos (y aprovecho para destacar un artículo de Juliana Vieira en relación a ello, en su blog), se refieren a ello, hablan, comentan, debaten... Es el tema estrella de las escuelas de padres y las charlas varias divulgativas de los psicólogos y educadores. Los límites.
"Hay que ponerles límites", "hay que educar en los límites", "está así porque nunca le pusieron un límite"...
Y cuando hablo en las reuniones con padres, y sacamos el tema, y la palabra en concreto, cuando invito que se dejen sentir qué les evoca, qué connotaciones tiene para ellos, me dicen en general que les sugiere algo que no pueden hacer, una frontera que no se puede traspasar, una imposición, una traba, una incapacidad. Sí, alguien "limitado" es alguien corto, que no llega, que no puede desarrollarse. Partimos pues de sensaciones negativas con esto de los límites, por tanto, no me parece extraño que nos cueste tanto aplicarlos a nuestros hijos. Si aunque pensemos que son "buenos", nos viene a la cabeza (y al sentir) que no estamos dejándolos crecer...
Os invito a tomar la imagen de una baranda, una cómoda baranda en la que nos apoyamos para ver un precioso paisaje, marítimo, por ejemplo. Una baranda. Esa baranda está construida y enclavada en una bonita zona de acantilado que da al mar. Al verla, nos sentimos aliviados y agradecidos, porque sin ella no nos hubiésemos atrevido a acercarnos tanto para ver desde lo alto cómo las olas rompen contra las rocas. Y es hermoso contemplarlo. Cómodamente apoyados, observamos a gusto y seguros. ¿Es un límite?. Sí. ¿Nos da confort?. También.
Volved a vuestros hijos y con esta imagen. Ellos necesitan esa baranda, necesitan de nosotros la construcción de esa seguridad para moverse tranquilos en la vida. Se necesita estar muy confiado para crecer, extremadamente seguro para poder desarrollar las conexiones neuronales saludables, para crecer con un sano equilibrio del sistema nervioso, en el que el parasimpático (relax) y el simpático (alarma), se van complementando en el continuo pulsar.
Los límites que les hemos de ir mostrando en la educación son eso, esas contenciones que les marcan el terreno seguro para que se muevan a gusto en él, con la tranquilidad de que no van a caer. "Los papás saben". Y como saben, marcan una estructura, no rígida, pero sí sólida. Y son coherentes, y han formado un hogar en el que se está bien, en el que los roles se establecen, en donde cada miembro tiene su lugar y es reconocido. Cada familia, desde ahí, puede encontrar su estilo, su modo de hacer.






viernes, 20 de febrero de 2015

¿Cómo educar a nuestros hijos?









¿CÓMO EDUCAMOS?
Punto uno: sepamos verlos...


Hay varias maneras de acompañar a nuestros hijos. Podemos ser permisivos, tomar la opción de dejarles hacer de todo, o bien ser autoritarios, y marcarles firmemente lo que han de hacer y lo que no... Tenemos entre medio muchas maneras de hacer, un abanico de posibilidades, que van de uno a otro polo de ésta imaginaria línea. Los abuelos de hoy, mujeres y hombres entre los 60, 70 años, en general actuaron de forma rígida con sus hijos (que hoy tienen entre 40 y 50...). Eso sí, como ellos decían en su momento, nada que ver con lo que hicieron sus padres con ellos, que en muchos casos les obligaban a llamarles de "usted" y a la mínima sacaban la vara o la zapatilla. Vaya... Sin embargo,  muchos de esta generación de 40, 50 se pasó al extremo de permitir todo o casi todo a sus hijos. Que se laven si quieren, que vengan a comer, o no... que estudien lo que quieran y si no quieren pues no, les dejaremos escoger la hora de levantarse, la hora de irse a dormir, la ropa que se ponen... Trataremos que tengan los juguetes que deseen, que puedan ser felices, y el cole... bueno, las notas no es en absoluto importante... Y ahora esos hijos, los de 30 y 30 y tantos, se quejan muchos de lo poco que sus padres se preocuparon por ellos, de lo poco que los marcaron. Y con sus peques: habrá que poner límites, no vamos a dejarles que hagan lo que quieran... ¿o sí?, ¿en qué momento?, ¿cuando?... Péndulos, que van y vienen, que serpentean a veces, que se detienen, que corren... péndulos caprichosos e irregulares que vamos siguiendo. Y siempre, siempre, la cierta insatisfacción, el sentir vago de que nada de lo que hagamos está del todo bien hecho. Una tremenda confusión nos ronda a la hora de abordar el tema de cómo educamos a nuestros hijos.
Pero ¡habrá que posicionarse!. Algo habrá que hacer, no vamos a renunciar a ser protagonistas de nuestra vida y a acompañar a los nuestros en su camino a la madurez...
Os invito a verlos a ellos, a los pequeños, ya desde bebés. Verlos. De verdad. Porque viéndolos, ellos nos van a ayudar en nuestros puntos ciegos. Sin necesidad de grandes estudios, sin tenerse que empapar de los últimos best sellers sobre educación. Ellos, los pequeños de la casa, nos pueden trazar líneas a seguir si sabemos verlas. ¡Claro que sí que vienen con su particular manual de instrucciones!. Sólo falta parar un poco y dejarse sentir. Sentir desde la empatía, sentir el desgarro de un bebé separado de su madre al nacer, sentir el desespero de la separación cuando lo dejamos en la guardería, sentir el dolor de la humillación de la que fue objeto cuando se escapó un pipí, Sentir, sí, sigamos, cómo lo aturdimos con tanto regalo de reyes, y cómo lo descolocamos (y son prácticas que atentan contra los derechos humanos) cuando lo disfrazamos en carnavales de algo que nos viene en gana cuando ni entiende, ni toca, ni puede de ninguna manera ser partícipe de lo que sucede...
Luego vienen otros momentos y otras edades, pero ahora aquí, me quiero centrar en estos primeros años e invitaros a verlos, a los pequeños, en sus múltiples situaciones. Si entramos en empatía con ellos, vamos, seguro, a saber acompañarlos. Porque nos acercaremos desde el "te entiendo". Y así abordaremos las situaciones que se vayan presentando. Sólo así, esas maneras de acompañar a nuestros hijos se reducen a una: acompañar desde la empatía. "Yo te entiendo".

lunes, 16 de febrero de 2015

modelos educativos



¿CÓMO EDUCAMOS?
Punto uno: sepamos verlos...


Hay varias maneras de acompañar a nuestros hijos. Podemos ser permisivos, tomar la opción de dejarles hacer de todo, o bien ser autoritarios, y marcarles firmemente lo que han de hacer y lo que no... Tenemos entre medio muchas maneras de hacer, un abanico de posibilidades, que van de uno a otro polo de ésta imaginaria línea. Los abuelos de hoy, mujeres y hombres entre los 60, 70 años, en general actuaron de forma rígida con sus hijos (que hoy tienen entre 40 y 50...). Eso sí, como ellos decían en su momento, nada que ver con lo que hicieron sus padres con ellos, que en muchos casos les obligaban a llamarles de "usted" y a la mínima sacaban la vara o la zapatilla. Vaya... Sin embargo,  muchos de esta generación de 40, 50 se pasó al extremo de permitir todo o casi todo a sus hijos. Que se laven si quieren, que vengan a comer, o no... que estudien lo que quieran y si no quieren pues no, les dejaremos escoger la hora de levantarse, la hora de irse a dormir, la ropa que se ponen... Trataremos que tengan los juguetes que deseen, que puedan ser felices, y el cole... bueno, las notas no es en absoluto importante... Y ahora esos hijos, los de 30 y 30 y tantos, se quejan muchos de lo poco que sus padres se preocuparon por ellos, de lo poco que los marcaron. Y con sus peques: habrá que poner límites, no vamos a dejarles que hagan lo que quieran... ¿o sí?, ¿en qué momento?, ¿cuando?... Péndulos, que van y vienen, que serpentean a veces, que se detienen, que corren... péndulos caprichosos e irregulares que vamos siguiendo. Y siempre, siempre, la cierta insatisfacción, el sentir vago de que nada de lo que hagamos está del todo bien hecho. Una tremenda confusión nos ronda a la hora de abordar el tema de cómo educamos a nuestros hijos.
Pero ¡habrá que posicionarse!. Algo habrá que hacer, no vamos a renunciar a ser protagonistas de nuestra vida y a acompañar a los nuestros en su camino a la madurez...
Os invito a verlos a ellos, a los pequeños, ya desde bebés. Verlos. De verdad. Porque viéndolos, ellos nos van a ayudar en nuestros puntos ciegos. Sin necesidad de grandes estudios, sin tenerse que empapar de los últimos best sellers sobre educación. Ellos, los pequeños de la casa, nos pueden trazar líneas a seguir si sabemos verlas. ¡Claro que sí que vienen con su particular manual de instrucciones!. Sólo falta parar un poco y dejarse sentir. Sentir desde la empatía, sentir el desgarro de un bebé separado de su madre al nacer, sentir el desespero de la separación cuando lo dejamos en la guardería, sentir el dolor de la humillación de la que fue objeto cuando se escapó un pipí, Sentir, sí, sigamos, cómo lo aturdimos con tanto regalo de reyes, y cómo lo descolocamos (y son prácticas que atentan contra los derechos humanos) cuando lo disfrazamos en carnavales de algo que nos viene en gana cuando ni entiende, ni toca, ni puede de ninguna manera ser partícipe de lo que sucede...
Luego vienen otros momentos y otras edades, pero ahora aquí, me quiero centrar en estos primeros años e invitaros a verlos, a los pequeños, en sus múltiples situaciones. Si entramos en empatía con ellos, vamos, seguro, a saber acompañarlos. Porque nos acercaremos desde el "te entiendo". Y así abordaremos las situaciones que se vayan presentando. Sólo así, esas maneras de acompañar a nuestros hijos se reducen a una: acompañar desde la empatía. "Yo te entiendo".

jueves, 8 de enero de 2015

la culpa

Es algo que llevamos tan dentro nuestro, nos limita tanto y nos hace tanto daño que, en estos días en los que tan recientemente hemos tenido "la visita de sus majestades los Reyes Magos" quiero hablar de ello y llevarlo a la reflexión. El tema de la culpa, sí.
No nacemos con la culpa (aunque bien se encargó la Iglesia Católica de hacerlo creer así), venimos al mundo limpitos y llenos de vida que quiere pulsar en nosotros. Tenemos unas necesidades biológicas que han de irse cubriendo por nuestro entorno más inmediato (la madre a ser posible), y vamos evolucionando, a trancas y barrancas, con trabas que se van poniendo en nuestro ritmo natural de crecimiento, compensando, recomponiéndonos, encogiéndonos muchas veces, expandiéndonos las menos.
Entrada la edad de cierto entendimiento se empieza a oír "te has portado bien", "te has portado mal", "es una niña muy buena", "qué malo es"... Y en nuestros 2 o 3 años, la edad de lo contrastado, del blanco o negro, empezamos a sentir profundamente la culpa. Si algo no hemos hecho bien es que somos malos, no dignos de amor. Da igual que no lo hayan dicho los adultos directamente, de forma sutil percibimos miradas que desaprueban, que desacreditan y... ridiculizan. 
Como niñas o niños entramos en la complacencia porque queremos ser queridos, tenidos en cuenta. Y nos sentimos fatal cuando recibimos algún mensaje negativo que nos conecta con "soy malo". Y, claro, las pulsiones de rabia, de agresividad varia, van quedándose dentro, sin poder salir, cada vez más guardadas, arrinconadas, para ser el niño o niña perfecto, el hiperadaptado, 
Escribo ésto tras haber visto la carita de circunstancias de un niño de unos 6 años, cuando le preguntaron si se había portado bien (por lo de los regalos de Reyes, sí), y el niño, inseguro y avergonzado, respondió flojito: "regular...". ¿Qué sentiría que había hecho?. Qué soledad tan grande y ¿qué culpa era esa?... 




lunes, 24 de noviembre de 2014

¿por qué decimos "insostenible" en vez de "insoportable"?

Es una pregunta, una invitación a la reflexión, un hacer pensar... Me llega desde muchos lugares, desde ambientes varios, se dice a montones ahora: "se me hizo insostenible seguir yendo a buscar al niño al cole...", "lo que vivía con su pareja al final no era sostenible", "vamos a buscar la forma para abordar esta insostenible situación en la empresa"... Sostenible, insostenible.

La actitud que acompaña a estas frases, con esta palabra en su afirmación o negación, es básicamente tranquila ( o aparenta), básicamente conciliadora (otra palabrita de moda), dicha por alguien que quiere mantener la serenidad, que no desea conflictos.

Sostener o no sostener... Y ¿qué pasa con "soportar"?. ¿Son sinónimos o no?. No del todo, parece, tiene matices la cosa. Porque decir que es insostenible queda más suave, y si ponemos el "insoportable"... si decimos eso... ¿qué sucede?. ¡Comprobadlo!. Haced la prueba... "Esto me resulta insoportable".

Sí, "insoportable" suena peor podéis decirme. Y pregunto, ¿por qué?. Por la fuerza. Es eso, por la fuerza de la palabra. Hasta el sonido es más fuerte en su fonética, con su "p" y su "t"... Y hemos huido de esa potencia (vaya, también con "p" y "t"), 


Siento que queremos suavizar, quitar hierro, no dar importancia. Por no conflictuar entramos en unas relaciones "light" donde filtramos lo que sentimos y lo que queremos decir, para dejar un mensaje descafeinado y desdibujado. Quizás en ocasiones eso ha ayudado, quizás ha sido procedente actuar de esa forma, pero, ¿no nos estamos pasando?. A veces es bueno llamar a las cosas por su nombre, o por el nombre que primero nos saldría si no utilizásemos tantos filtros. Estaríamos más en contacto con lo que pasa y haríamos llegar el mensaje claro a nuestro interlocutor.

También el recreo se pasó a llamar patio, porque quedaba mal decir recreo al contrastar con las horas de estudio. Pero no por llamarlo patio ha cambiado el sentir de liberación de muchos escolares cuando suena la campana y salen disparados a disfrutar un ratito de expansión y juego.



¿No es insoportable estar todo el rato matizando?

viernes, 3 de octubre de 2014

construcción a partir de la psicomotricidad libre

construcciones...

Desarrolló muy pronto el gusto por los materiales de todo tipo que se encontraba en el pequeño jardín o en sus paseos por la naturaleza: piedras de distintos tamaños, un cartón, un palo... Los tocaba, les daba forma, los alineaba, los amontonaba... No tenía ni tres años y pasaba horas haciendo caminos en la tierra, comprobando sus formas, sus expresiones: la arena de la playa, la tierra blanda tras la lluvia, la sequedad del terreno falto de humedad... Las manos tocaban acariciaban, profundizaban y daban forma.





Se desplazaba, ágil, de un lado a otro, agachado, mirando, observando desde distintos ángulos, excavando pequeños túneles por los que pasaban sus coches o camiones...El "jardín" de los abuelos ya no se podía llamar así, parecía una zona de experimentación. ¡Era una zona de experimentación!. Como era el salón de su casa también, más adelante, cuando trasladó su gusto por las construcciones al interior, y quiso crear ciudades enteras que cabían en la sala de estar. Caminaba su familia con cuidado, como gigantes en un minúsculo reino de pueblos con vías de tren, casas, árboles, montañas...

Los suyos, sus mayores, sonreían encantados, contagiados del entusiasmo. Se cuidaron mucho de no frenar el ímpetu constructor del pequeño y pusieron mínimos límites, ajustándose al máximo a la necesidad que veían en él.

"No estamos en el campo, vale, tenemos estos espacios, vale, y... ¿entonces?. Pues eso, ¿qué más da si en ésta época no podemos tener las flores en el terreno?, ¿qué más da si vienen visitas y la sala está ocupada por la mini ciudad cambiante?. Fue así.

Y creció. Creció con una capacidad de situarse en el espacio sorprendente, y esa habilidad la trasladó a la abstracción cuando por evolución su cognición estuvo preparada. Y plasmó en dibujos aquello que había estado viviendo en su cuerpo, experimentando con todos sus sentidos, entregado




. Y lo plasmó, claro, en los problemas de mates, de física, de dibujo técnico... Era un juego para él, seguía disfrutando y hacía disfrutar a sus profesores.

Terminó bachillerato con matrícula de honor. Está estudiando arquitectura. Aún recuerda sus construcciones.







jueves, 28 de marzo de 2013

Comentarios acerca del programa Hermano Mayor

                                       


Vi el otro día en la tele "Hermano Mayor", un programa en el que un deportista que cayó en temas de drogas y mala vida con la autodestrucción que significa, quiere, una vez recompuesto y recuperado, ayudar a jóvenes que viven con sus familias situaciones muy conflictivas (peleas, destructividad, malos tratos, relaciones pésimas...)

Respeto el trabajo de Pedro, (creo que se llama así, aunque no recuerdo su apellido), no lo veo mal y me parece loable su labor. Eso de entrada.


Sí quisiera señalar de todos modos algunos puntos que hacen que ese programa lleve a la confusión y no me parece saludable ni que aporte claridad a las familias que se encuentren en situaciones parecidas a las que aparecen en pantalla. Me refiero al que he se ha emitido recientemente, pero he visto otros y la tónica es la misma.

- El joven aparece siempre como el culpable. En el caso del pasado viernes, una madre, con una hija adolescente, que la maltrata (la hija a la madre), claramente se le va diciendo a la hija lo que ha hecho su madre por ella y lo poco que se lo agradece. Qué me llega a mí: una chica asustada, que está sacando como puede un profundo rencor hacia su madre, que no estuvo con ella en su infancia (la crió la abuela), y que ahora que quiere la madre recuperar la relación, la joven no lo acepta así como así.

- No se miran las causas del comportamiento del joven. Se toma el síntoma, muy llamativo (supongo que en la tele eso también debe vender mucho, porque son escenas de gritos, peleas, puñetazos y destructividad a montones). Sin embargo, el por qué no sale nunca. Él o ella es así. Sin más.

- Las soluciones van enfocadas a arreglar esa conducta desadaptada. A veces se integra en ésto a los padres, un poco... pero es en general un abordaje unidireccional donde lo que importa es arreglar el síntoma.

Bien, yo no entiendo un abordaje verdadero de la situación si no es teniendo en cuenta:

- La familia es un sistema, cuando sucede algo, un conflicto, el síntoma puede aparecer y suele aparecer en el miembro más débil de dicho sistema. En estos casos, los chicos y chicas. Los padres tienen una responsabilidad en lo que sucede. Nadie es culpable, pero responsabilidad sí hay. Y hay que saberlo ver y reconocer. No cae del cielo una drogadicción, no cae del cielo la destructividad ni las ganas de aislarse, ni el odio...

- Se han de tener conocimiento de las etapas evolutivas, desde niños a adolescentes. Muchos y muy buenos expertos en educación lo han hecho, y no sólo de un determinado enfoque. Sabemos desde la psicología evolutiva que el hombre es resultado del niño que fue, del bebé que fue... Sabemos cómo de importante es el nacimiento y el primer año de vida, y así también los siguientes primeros años. Sabemos de la memoria corporal, de cómo quedan grabadas sensaciones en el cuerpo mucho antes de que aprendiéramos a hablar... Se sabe y la neurociencia puede dar hoy día buena cuenta de ello. Y se conoce también cómo hay en la adolescencia un shock corporal que hace que despierten "fantasmas dormidos" y que es una oportunidad para compensar y arreglar, desde el acompañamiento. ¿Entonces?. Esa madre que dejó a su hija, igual no tuvo otro remedio, pero la chica, desde su desespero, estaba conectadísima con su sufrimiento y de esta manera le gritaba, desde el gran contacto con su realidad: "¿ahora qué quieres?¡tú no estuviste, te fuiste, no eres mi madreeee!". Esos gritos no eran porque sí, ni producto del capricho.

- El "te entiendo". No vamos a solucionar nada realmente si no es acercándonos a los chavales y chavalas desde esa empatía que deberíamos tener hacia ellos.

- Hay que encontrar espacios y tiempos para canalizar esa agresividad, que es el comportamiento que más aparece, o mejor dicho, canalizar los sentimientos en general. ¿Qué va a hacer un chico cuando ya se ha "reeducado"?, ¿qué hace con su rabia?. Desde esta intervención de Pedro se le dan herramientas para que se autoconvenza de que así no va a ninguna parte pero, entonces, repito, ¿qué hace con su sentimiento?, ¿se lo traga más profundamente?. No es saludable, hay que darle la oportunidad de sacar y que encuentre al adulto que le ayude a eso.

Claro que se ha de llegar a la armonía, a relaciones satisfactorias desde el amor, se les ha de decir a estos chicos que esos caminos no son, que no les va a ayudar determinada actitud. En eso sí estoy de acuerdo.

                                        




lunes, 15 de octubre de 2012

nueva web de la es.te.r. en relación con la Ecología de los Sistemas Humanos


También la destaco aquí. He entrado en ella y me parece una página con interesantes aportaciones. Ahora que estamos preparando el curso de Crianza Ecológica y Prevención Psicosocial en diferentes ciudades del estado español y del mundo, esta web viene a ofrecer más contenido en relación con este trabajo.


así pues:

 www.ecologiasistemashumanos.com
nueva web de la es.te.r. para dar espacio a lo desarrollado dentro del Instituto de la Ecología de los Sistemas Humanos. Vale mucho la pena visitarla, nos ofrece información varia acerca del trabajo del equipo multidisciplinar de profesionales comprometidos con la idea de mejorar este mundo, llevándonos a la conciencia de tantos puntos ciegos. El primero, el más peligroso, no sentirnos parte de esta naturaleza a la que maltratamos, empezando por la de nuestros cachorros humanos.

lunes, 6 de agosto de 2012

CRIANZA ECOLÓGICA DESDE LA ECOLOGÍA DE LOS SISTEMAS HUMANOS

El término "ecología" se está utilizando en muchos contextos. Se empezó a usar para hacer referencia a la necesidad de cuidado del entorno y se ha ido extendiendo últimamente a las personas con las propuestas de la ecología emocional.
Ya he señalado en este espacio, en una entrada de hace algún tiempo, cómo la ecología profunda va más allá de cuidar nuestra tierra, de tener consideración con las especies de nuestro planeta, tener cuidado con los entornos naturales, no contaminar, no verter resíduos... Va más allá y comporta una actitud que sale de más adentro. Si está bien reciclar, mirar de alimentarnos de forma saludable o luchar para la conservación de espacios naturales, mejor aún está, o mejor dicho, más saludable es hacer todo esto desde el dolor sentido, el malestar, la rabia que da ver cuan poco considerados somos con el planeta... Es que formamos parte de él, no somos entes ajenos a lo que nos rodea, pertenecemos a la Tierra, (aunque pensábamos que de la Tierra éramos los amos...). Desde este sentido de pertenencia, considerándonos seres de la naturaleza, parte de este mundo, es como podemos contactar con la vida que pulsa, la vida que quiere vivir. Y desde ahí, claro, ¿cómo podría ser de otro modo?, darnos cuenta de que cada cachorro humano que nace viene con una energía vital que deberíamos cuidar. Muchas voces ya hay, menos mal, que nos están avisando del peligro de nuestras prácticas humanas con nuestras crías. Si somos mamíferos los humanos, que lo somos, venimos al mundo con unas necesidades que cubrir, ¡mucho más teniendo en cuenta que el bebé humano nace exageradamente desprotegido!. Aprendamos, si lo olvidamos ya, qué necesita una crianza sana, seamos ecológicos con la crianza: qué es eso de etapas evolutivas, qué es el concepto de contínuum, qué es primordial y qué secundario, qué son los períodos críticos, consecuencias de determinados partos, de aplicar determinados métodos...
La propuesta de la Escuela Española de Terapia Reichiana de lanzar su formación en Crianza Ecológica pretende subsanar esta carencia de la sociedad actual, entendiendo que es muy necesario formar especialistas en Ecología de Sistemas Humanos. La ecología empieza en nosotros. Promovamos una crianza ecológica. Informaros en la web de la Es.Te.R.

martes, 29 de noviembre de 2011

grupo de crianza en Sant Cugat del Vallés (Barcelona)



Ofrezco un trabajo psicocorporal a las mamás con sus bebés (y papás que quieran o puedan venir), para encontrarnos de nuevo con nuestra naturaleza i poder escuchar nuestro cuerpo y el de nuestros hijos.



Ofrezco un acompañamiento a las familias con sus pequeños para que vayan contactando con la estructuración del nuevo ser, sus etapas de desarrollo psicomotor. Así iremos viendo lo que toca y no toca por edad, los períodos críticos, lo importante y lo accesorio en este tiempo de crianza.



Compartimos vivencias, emociones, mil y una duda, con otros papás y mamás, famillias cada una con su particularidad y una gran cosa en común que nos permite complicidades y apoyos.



Me baso en lo aprendido a partir de mis años de formación en prevención en la Escuela de Terapia Reichiana. Sigo el modelo asímismo que me ha ofrecido Migjorn, la asistencia a los grupos alrededor al parto y la crianza coordinados por Juliana Martínez (de la Escuela de Terapia Reichiana) me ha permitido echar a andar con mis propios grupos con la seguridad y el respaldo de un trabajo hecho con toda la seriedad y todo el cariño.



Como mis maestras, quiero transmitir la confianza en la vida y la necesidad de seguir los ritmos naturales para una vida saludable. Ellos, nuestros pequeños, los recién llegados bebés, se encargan de recordarnos que somos mamíferos y como tales nos comportamos. Sigamos pues los dictados de madre naturaleza y, de su mano, unamos natura y cultura.



El primer año, llamado período crítico biofísico, es crucial para sentar unas buenas bases. Es lo que deseo transmitir. Vale tantísimo la pena cuidar este periodo... tanto... me encantará irlo compartiendo con vosotras, vosotros, ya sea en los grupos, directamente, ya sea a través de este medio con el que se llega tan lejos.