Nos movemos en un mar de relaciones, entablamos amistades, amoríos, encuentros... Vamos buscando a los demás porque somos seres sociables y el grupo, el otro, nos nutre. Nos apetece compartir, estar un rato juntos, explicar de nuestra vida, quejarnos de esto o de lo otro, explicar lo bien que nos fue en el trabajo, el partido, la cita... Nos gusta encontrarnos con las otras miradas, cruzarnos con unos ojos que nos miran, que se posan en nosotros con interés.
Nos apetece llegar a los sitios y que con nuestro "hola!" los demás se giren y saluden a su vez, que si tendemos la mano, la mano del otro corra hacia ese encuentro y se estrechen... Y que encontremos la mejilla que vamos a besar... Que el de la charcutería nos pregunte si el jamón como siempre y el del bar al vernos entrar ya empiece a preparar ese café que queremos...
Los otros nos arropan, nos cobijan, nos dan identidad, sí. Así empieza a ser desde que somos cachorritos humanos. La manada nos ha de dar reconocimiento. Sin los otros no somos, sin los demás que se dirijan a nosotros, que nos den a entender que saben lo que queremos, de nuestros gustos y disgustos, sin ellos, morimos un poco, nos desdibujados y algo, sí, desaparecemos...
Pero, nos saben ver los demás?, sabemos verlos a ellos?. Actualmente, muy poco... Os invito a observar conversaciones, cualquiera de ellas. Demasiadas veces parece un grupo de personas cada una con su monólogo, un juego paralelo de palabras que sólo aparentemente se cruzan, mensajes que no llegan, códigos diferentes. Demasiadas veces en vez de encontrarnos nos desencontramos, entramos en circuitos cerrados de energía en los que el mensaje revolotea por nosotros sin ser en absoluto proyectado. En medio de los otros nos sentimos solos e incomprendidos.
Hace muy poco me ha llegado un comentario de una amiga. Hablaba de lo que destacaba de un amigo suyo del alma: "me ha sabido ver". Qué maravilla poder hacer eso... Saber ver al otro. De verdad!. Saberlo ver. Entraríamos en unas relaciones de una calidad impresionante, sintiéndonos reconocidos.
contenidos relacionados con el cuidado del cuerpo y el movimiento desde un punto de vista bio-funcional, siguiendo el paradigma que estableció Wilhelm Reich. Una visión integral de las personas desde la "Ecología de los Sistemas Humanos" (Escuela Española de Terapia Reichiana). Buscamos sobre todo, como objetivo, hacer reflexionar acerca de lo saludable y lo que no lo es, entendiendo como saludable lo vital, lo energético, lo que pulsa.
domingo, 29 de marzo de 2015
domingo, 22 de febrero de 2015
¿qué son los límites?
Hablamos mucho de los límites hoy día, muchos colegas míos (y aprovecho para destacar un artículo de Juliana Vieira en relación a ello, en su blog), se refieren a ello, hablan, comentan, debaten... Es el tema estrella de las escuelas de padres y las charlas varias divulgativas de los psicólogos y educadores. Los límites.
"Hay que ponerles límites", "hay que educar en los límites", "está así porque nunca le pusieron un límite"...
Y cuando hablo en las reuniones con padres, y sacamos el tema, y la palabra en concreto, cuando invito que se dejen sentir qué les evoca, qué connotaciones tiene para ellos, me dicen en general que les sugiere algo que no pueden hacer, una frontera que no se puede traspasar, una imposición, una traba, una incapacidad. Sí, alguien "limitado" es alguien corto, que no llega, que no puede desarrollarse. Partimos pues de sensaciones negativas con esto de los límites, por tanto, no me parece extraño que nos cueste tanto aplicarlos a nuestros hijos. Si aunque pensemos que son "buenos", nos viene a la cabeza (y al sentir) que no estamos dejándolos crecer...
Os invito a tomar la imagen de una baranda, una cómoda baranda en la que nos apoyamos para ver un precioso paisaje, marítimo, por ejemplo. Una baranda. Esa baranda está construida y enclavada en una bonita zona de acantilado que da al mar. Al verla, nos sentimos aliviados y agradecidos, porque sin ella no nos hubiésemos atrevido a acercarnos tanto para ver desde lo alto cómo las olas rompen contra las rocas. Y es hermoso contemplarlo. Cómodamente apoyados, observamos a gusto y seguros. ¿Es un límite?. Sí. ¿Nos da confort?. También.
Volved a vuestros hijos y con esta imagen. Ellos necesitan esa baranda, necesitan de nosotros la construcción de esa seguridad para moverse tranquilos en la vida. Se necesita estar muy confiado para crecer, extremadamente seguro para poder desarrollar las conexiones neuronales saludables, para crecer con un sano equilibrio del sistema nervioso, en el que el parasimpático (relax) y el simpático (alarma), se van complementando en el continuo pulsar.
Los límites que les hemos de ir mostrando en la educación son eso, esas contenciones que les marcan el terreno seguro para que se muevan a gusto en él, con la tranquilidad de que no van a caer. "Los papás saben". Y como saben, marcan una estructura, no rígida, pero sí sólida. Y son coherentes, y han formado un hogar en el que se está bien, en el que los roles se establecen, en donde cada miembro tiene su lugar y es reconocido. Cada familia, desde ahí, puede encontrar su estilo, su modo de hacer.
viernes, 20 de febrero de 2015
¿Cómo educar a nuestros hijos?
¿CÓMO EDUCAMOS?
Punto uno: sepamos verlos...
Pero ¡habrá que posicionarse!. Algo habrá que hacer, no vamos a renunciar a ser protagonistas de nuestra vida y a acompañar a los nuestros en su camino a la madurez...
Os invito a verlos a ellos, a los pequeños, ya desde bebés. Verlos. De verdad. Porque viéndolos, ellos nos van a ayudar en nuestros puntos ciegos. Sin necesidad de grandes estudios, sin tenerse que empapar de los últimos best sellers sobre educación. Ellos, los pequeños de la casa, nos pueden trazar líneas a seguir si sabemos verlas. ¡Claro que sí que vienen con su particular manual de instrucciones!. Sólo falta parar un poco y dejarse sentir. Sentir desde la empatía, sentir el desgarro de un bebé separado de su madre al nacer, sentir el desespero de la separación cuando lo dejamos en la guardería, sentir el dolor de la humillación de la que fue objeto cuando se escapó un pipí, Sentir, sí, sigamos, cómo lo aturdimos con tanto regalo de reyes, y cómo lo descolocamos (y son prácticas que atentan contra los derechos humanos) cuando lo disfrazamos en carnavales de algo que nos viene en gana cuando ni entiende, ni toca, ni puede de ninguna manera ser partícipe de lo que sucede...
Luego vienen otros momentos y otras edades, pero ahora aquí, me quiero centrar en estos primeros años e invitaros a verlos, a los pequeños, en sus múltiples situaciones. Si entramos en empatía con ellos, vamos, seguro, a saber acompañarlos. Porque nos acercaremos desde el "te entiendo". Y así abordaremos las situaciones que se vayan presentando. Sólo así, esas maneras de acompañar a nuestros hijos se reducen a una: acompañar desde la empatía. "Yo te entiendo".
lunes, 16 de febrero de 2015
modelos educativos
¿CÓMO EDUCAMOS?
Punto uno: sepamos verlos...
Pero ¡habrá que posicionarse!. Algo habrá que hacer, no vamos a renunciar a ser protagonistas de nuestra vida y a acompañar a los nuestros en su camino a la madurez...
Os invito a verlos a ellos, a los pequeños, ya desde bebés. Verlos. De verdad. Porque viéndolos, ellos nos van a ayudar en nuestros puntos ciegos. Sin necesidad de grandes estudios, sin tenerse que empapar de los últimos best sellers sobre educación. Ellos, los pequeños de la casa, nos pueden trazar líneas a seguir si sabemos verlas. ¡Claro que sí que vienen con su particular manual de instrucciones!. Sólo falta parar un poco y dejarse sentir. Sentir desde la empatía, sentir el desgarro de un bebé separado de su madre al nacer, sentir el desespero de la separación cuando lo dejamos en la guardería, sentir el dolor de la humillación de la que fue objeto cuando se escapó un pipí, Sentir, sí, sigamos, cómo lo aturdimos con tanto regalo de reyes, y cómo lo descolocamos (y son prácticas que atentan contra los derechos humanos) cuando lo disfrazamos en carnavales de algo que nos viene en gana cuando ni entiende, ni toca, ni puede de ninguna manera ser partícipe de lo que sucede...
Luego vienen otros momentos y otras edades, pero ahora aquí, me quiero centrar en estos primeros años e invitaros a verlos, a los pequeños, en sus múltiples situaciones. Si entramos en empatía con ellos, vamos, seguro, a saber acompañarlos. Porque nos acercaremos desde el "te entiendo". Y así abordaremos las situaciones que se vayan presentando. Sólo así, esas maneras de acompañar a nuestros hijos se reducen a una: acompañar desde la empatía. "Yo te entiendo".
domingo, 15 de febrero de 2015
sombras de Grey y "la pertenencia"
Quería hace tiempo hablar del sentido de pertenencia y de los problemas que puede tener la carencia del mismo. Los problemas y la terribles confusiones que puede crear. Me llega esa idea, ese sentir, y le doy vueltas a ello. Me lo hace ver una persona muy cercana y es uno de esos regalos de la vida, una de esas perlas que de vez en cuando recibo de otro. Y da mucho de sí.
No solemos tener nadie el sentido de pertenencia como saludablemente deberíamos. Y no lo hemos podido tener porque la primera relación simbiótica, nuestra primera pareja, la persona con la que iniciamos nuestro primer diálogo piel con piel, mirada con mirada, olor con olor... esa, no supo recogernos como cachorro humano que fuimos, lamernos, acariciarnos, acurrucarnos... poseernos. A ella pertenecimos, pero empezó a sentirnos "aliens", ajenos, antes de que empezásemos a entrar en nuestra propia identidad. Algo así decía María Montero-Ríos en su "Saltando las olas", el "otro" o "la otra" mejor dicho, empieza a alejarse de nosotros cuando aún no nos sentimos diferenciados de ella. Esto está siendo así demasiado frecuentemente. Y algo se torció ahí, algo no terminamos de integrar de forma suficientemente saludable.
Pertenecer a otro... no sabemos qué es eso. Quizás nos quedan algunos ramalazos, reminiscencias corporales, porque sí, algo nos debió quedar cuando estuvimos dentro de ella, cuando nos recogió y su mirada y su tacto nos devolvió a nuestro cuerpo y a nuestra identidad. Pero fue tan poco... tan escaso... tan mísero ese contacto...
Y vienen las "50 Sombras de Grey", que no he leído, que no he visto (aún), pero de tantos comentarios en la red, veo que va de eso. Una chica poseída por el hombre... También le pasó así a Kim Bassinger en sus "nueve semanas y media". Y vaya tirón que tuvo el film, como tiene y va a tener éste de ahora. Y veo que se malentiende lo de pertenecer. Ser de otro, sentirse parte de él, no es ser su esclavo ni de su propiedad. Es algo que emerge de un sentimiento profundo de respeto y unión empática y amorosa fortísima. Nada que ver con la posesión enfermiza y dominio de uno sobre otro, en el que uno es sádico, el otro, masoquista. ¿Es esa la relación mantenida en la película de moda?. no lo sé, no la he visto.
jueves, 8 de enero de 2015
la culpa
Es algo que llevamos tan dentro nuestro, nos limita tanto y nos hace tanto daño que, en estos días en los que tan recientemente hemos tenido "la visita de sus majestades los Reyes Magos" quiero hablar de ello y llevarlo a la reflexión. El tema de la culpa, sí.
No nacemos con la culpa (aunque bien se encargó la Iglesia Católica de hacerlo creer así), venimos al mundo limpitos y llenos de vida que quiere pulsar en nosotros. Tenemos unas necesidades biológicas que han de irse cubriendo por nuestro entorno más inmediato (la madre a ser posible), y vamos evolucionando, a trancas y barrancas, con trabas que se van poniendo en nuestro ritmo natural de crecimiento, compensando, recomponiéndonos, encogiéndonos muchas veces, expandiéndonos las menos.
Entrada la edad de cierto entendimiento se empieza a oír "te has portado bien", "te has portado mal", "es una niña muy buena", "qué malo es"... Y en nuestros 2 o 3 años, la edad de lo contrastado, del blanco o negro, empezamos a sentir profundamente la culpa. Si algo no hemos hecho bien es que somos malos, no dignos de amor. Da igual que no lo hayan dicho los adultos directamente, de forma sutil percibimos miradas que desaprueban, que desacreditan y... ridiculizan.
Como niñas o niños entramos en la complacencia porque queremos ser queridos, tenidos en cuenta. Y nos sentimos fatal cuando recibimos algún mensaje negativo que nos conecta con "soy malo". Y, claro, las pulsiones de rabia, de agresividad varia, van quedándose dentro, sin poder salir, cada vez más guardadas, arrinconadas, para ser el niño o niña perfecto, el hiperadaptado,
Escribo ésto tras haber visto la carita de circunstancias de un niño de unos 6 años, cuando le preguntaron si se había portado bien (por lo de los regalos de Reyes, sí), y el niño, inseguro y avergonzado, respondió flojito: "regular...". ¿Qué sentiría que había hecho?. Qué soledad tan grande y ¿qué culpa era esa?...
martes, 6 de enero de 2015
Aprendizaje puro
De niños lo hicimos bastante, y algunos afortunados, mucho. Aprender de forma pura, digo. Nos topábamos con situaciones que nos llamaban la atención y ahí nos adentrábamos, sea cual fuera la circunstancia. Sentíamos curiosidad por lo que nos rodeaba y queríamos indagar, acercarnos y empaparnos de ello. Podía ser cualquier cosa. Desmontábamos el boli para ver qué piezas lo componían, ayudábamos a nuestra madre mezclar ingredientes en un bol grande para hacer una masa que iba al horno y salía bizcocho... Una vez monté un columpio con unas amigas, otra descubrí la forma de dibujar copiando de unos tebeos que me encantaban... Y así, como otros muchos, aprendí a ir en bici y aprendí a patinar. Totalmente entregada, como mis compis, a la tarea de guardar el equilibrio y comprobar que eso funcionaba, que ganaba seguridad, y... velocidad!. Era yo, eramos nosotros, aprendiendo. No hacía falta cursos ni talleres "ad hoc". A nuestro ritmo, porque era impensable de otra manera, íbamos asimilando conocimientos, entendiendo las cosas.
El otro día, mantuve con algunas de mis colegas una reunión para compartir entre profesionales, algo así como una supervisión de casos, coordinada por Pep Badell. Ha sido un grupo que se ha formado de forma espontánea porque queremos seguir aprendiendo. Y queremos seguir aprendiendo en este caso, a partir de lo que nos cuenta ese señor. No otra ni otro, ese. No es una escuela, ni es una formación, ni ofrece títulos ni hay temario preestablecido. Somos un grupo de profesionales terapeutas que nos reunimos y hablamos, compartimos y escuchamos de la experiencia del que podemos llamar nuestro coordinador. No vamos a obtener ningún certificado ni nos avala ninguna universidad ni "centro del saber" alguno.
En estos tiempos tan enlatados y archiestructurados, eso, eso es tan raro... Y me siento agradecida, tremendamente afortunada. Por estar ahí, por recibir de Brenda, de Consuelo, de Laura, de Pilar... por sentir que les aportaba, por poder exponer mis miedos, mis dudas y mis logros... por haber podido adentrarnos junto con Pep, en la espesura del alma y del cuerpo. Indagamos acerca de la vida, que como decía él, quiere vivir en nosotros, de la forma que sea. Esa vida que queremos potenciar en nuestros pacientes, de las formas posibles y cada uno en su estilo. Una y otra vez preguntábamos y nos planteábamos cuestiones cruciales, de nuestras propias vidas, del sentir de aquellos a los que acompañamos. No había disfraces ni intención de aparentar lo que no eramos, ahí estábamos frágiles a veces, enfadadas, dubitativas, tristes, confusas, divertidas también, . Qué alejado de ésto quedan los congresos, las grandes conferencias, las presentaciones de libros, la rimbombante parafernalia del mundo profesional...
Desde aquí, reivindico este tipo de reuniones, esta forma de pulsar. Y fue aprendizaje puro, como lo seguirá siendo.
El otro día, mantuve con algunas de mis colegas una reunión para compartir entre profesionales, algo así como una supervisión de casos, coordinada por Pep Badell. Ha sido un grupo que se ha formado de forma espontánea porque queremos seguir aprendiendo. Y queremos seguir aprendiendo en este caso, a partir de lo que nos cuenta ese señor. No otra ni otro, ese. No es una escuela, ni es una formación, ni ofrece títulos ni hay temario preestablecido. Somos un grupo de profesionales terapeutas que nos reunimos y hablamos, compartimos y escuchamos de la experiencia del que podemos llamar nuestro coordinador. No vamos a obtener ningún certificado ni nos avala ninguna universidad ni "centro del saber" alguno.
En estos tiempos tan enlatados y archiestructurados, eso, eso es tan raro... Y me siento agradecida, tremendamente afortunada. Por estar ahí, por recibir de Brenda, de Consuelo, de Laura, de Pilar... por sentir que les aportaba, por poder exponer mis miedos, mis dudas y mis logros... por haber podido adentrarnos junto con Pep, en la espesura del alma y del cuerpo. Indagamos acerca de la vida, que como decía él, quiere vivir en nosotros, de la forma que sea. Esa vida que queremos potenciar en nuestros pacientes, de las formas posibles y cada uno en su estilo. Una y otra vez preguntábamos y nos planteábamos cuestiones cruciales, de nuestras propias vidas, del sentir de aquellos a los que acompañamos. No había disfraces ni intención de aparentar lo que no eramos, ahí estábamos frágiles a veces, enfadadas, dubitativas, tristes, confusas, divertidas también, . Qué alejado de ésto quedan los congresos, las grandes conferencias, las presentaciones de libros, la rimbombante parafernalia del mundo profesional...
Desde aquí, reivindico este tipo de reuniones, esta forma de pulsar. Y fue aprendizaje puro, como lo seguirá siendo.
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