jueves, 11 de junio de 2015

estoy contigo (un maestro a un adolescente rebelde)

Gritaste y se enfadaron, lo sé, insultaste y golpeaste fuerte... contra lo que encontraste... sí, lo sé, a cosas y personas, a lo que tenías a mano, y a ¡pie!. Vaya patadones, tío. te vi. Y los vi a ellos. Unos tratando de gritarte más fuerte, otros acobardados, acojonándose delante tuyo, mirándote como a un bicho raro. Ya les vale a toda esa panda, ya les vale.
Se alejaron, los unos y los otros, murmurando, amenazando, mientras tú seguías fuera de ti, sin saber qué hacer, perdido, sin rumbo. Solo, muy solo. Medio llorabas. Entonces me acerqué, y no recuerdo qué te dije, alguna palabra tonta de consuelo, alguna frese semihecha, no recuerdo... Recibí un "¡cállate cabrón". Tajante, directo... Y sincero. Me callé. Permanecí un rato a cierta distancia tuya, observándote encogerte en aquél rincón del aula vacía. Ahí empezaste a soltar más llanto, más, y salió un chorreón de dolor entre lágrimas y suspiros. Sobrecogedor.
Me miraste al cabo de un rato, no sé cuánto tiempo pasó. Seguía ahí, de pie, observando tu pelo revuelto, la ropa sucia... Te sentía cada vez más pequeño, más frágil. Te pregunté si querías que marchara y me dijiste muy bajito: "quédate...". Como un susurro.
Puse mi mano en tu hombro y poco a poco te levantaste. "... imbéciles cabrones hijos de puta...". Te acompañé a la salida del centro. Caminabas lento, casi arrastrando los pies. Doblaste la esquina del insti y volví a mi clase.
Un montón de comentarios, de quejas, de dimes y diretes, por los pasillos. Que si no puede estar aquí, que si qué se ha creído, que habrá que expulsarlo, que si llama a sus padres. Profesores y alumnos, revueltos.
Yo estoy contigo, quiero que lo sepas. Te entiendo, ¿sabes?. No se puede ir por el mundo dando hostias, claro, no es que esté a favor de eso. Pero te entiendo. No tienes de momento otro recurso y utilizas ese.
No eres débil, has mamado fuerza. Pero algo ha pasado en tu vida que te ha hecho acumular un dolor terrible. Y una rabia terrible. Lo sé. Y te provocan a veces, lo sé, de formas muy sutiles. Y la sacas, esa rabia, esa destructividad, siempre que puedes, cuando se te dispara. Y ¡zas!, la armas. Tío, la armas. Y te estás jugando la expulsión.
Estoy contigo, que lo sepas. Tienes tus motivos, aunque te pierden las formas. No sabes utilizar otras. He visto el miedo que ocultas tras esa coraza mal montada de tío duro. Temblabas... Pero es que ¿sabes lo que pasa?, que pocos saben leer eso, muy pocos. Muchos ayudarán a los flojitos, esos a los que les cuesta, o a los que les pegan y no saben devolver... Sí, esos, a los que tú alguna vez también has pegado.
Míralos, les ayudan, despiertan compasión, instinto de protección, algo así. ¿Lo entiendes?. Esos suelen recibir pronta ayuda. Está bien, no digo que no... Pero ¿quién se acerca a ti?. Si los asustas...
¿Quién puede hacer oídos sordos a insultos, a maltratos, a desaires?... Cuesta eso.
Pero, ¿es que no ven que no sabes de otra forma?. Pues no, parece que no lo ven.
Estoy contigo, que lo sepas. Que me la sudó que me llamaras "cabrón", que lo que me querías decir es que te dejara de rollos, que no estabas para eso. Y, mira, me llegó. A lo mejor de otra forma no me llega...
Me gustará acompañarte, ayudarte a canalizar esa rabia, a ir filtrando, a saber comportarte con los demás... Pero sé que es un camino largo. no quiero que te sientas culpable por lo que haces, no sabes de otro modo. Sabrás un día, no lo dudo.
Estoy contigo, ¿sabes?. no has de hacer nada para agradarme.
(Aunque, macho, a ver si controlas un poco, que te juegas la expulsión... )




lunes, 8 de junio de 2015

Nuestras formas de entender pasan por el cuerpo

Cada vez se va sabiendo más de lo que va sucediendo en nuestro cerebro a medida que vamos creciendo, desarrollándonos e interactuando con el entorno en las múltiples experiencias que tenemos, desde las que suceden en el vientre materno a las que van apareciendo tras el nacimiento. Sensaciones de todo tipo van llegándonos y las vamos integrando, primero como forma de mera superviviencia, y poco a poco pudiendo alcanzar interesantes matices diferenciales que nos ayudan a situarnos mejor, a entender más lo que va pasando y cómo hemos de irnos colocando frente a ello.
A medida que vamos teniendo experiencias, las vamos sintiendo, nos van igualmente quedando los mensajes de lo que es peligroso, lo que da seguridad, lo que es divertido... En definitiva, de qué va la vida. Según las primeras experiencias, demasiadas veces el mundo puede quedar resumido en "un espacio del que no se puede fiar uno". Sí, muy pronto aprendemos a ponernos a la defensiva y a desconfiar. No siempre, no en todos los casos, pero sí frecuentemente.
Me ha llegado varias veces la inquietud, desde unos padres que tienen a sus hijos en sus 3, 4 años. Va sobre los "mapas mentales" y "el sistema de creencias". Si se van haciendo la idea del mundo, de los que les rodea, en estas edades, me muestran los padres la preocupación sobre el "montaje" que se pueden hacer sus pequeños de cómo funcionan las cosas.
Cierto que cuando empezamos a poner palabras, se inicia el simbolismo, la imágenes mentales se van arraigando. A los 3, 4 años estamos en un inicio, y el proceso necesita de sus ajustes, sus contrastes y matices.
Por ejemplo, una niña a la que habían asustado con un "¡vendrán los vecinos!", en muchas ocasiones, por hacer ruido, pensó durante mucho tiempo que los vecinos eran seres monstruosos que le podían hacer daño. Invito a que cada uno busque en sus recuerdos, encontrará hechos similares: que se va al médico cuando uno va a morir ("me dijeron que el abuelo había ido al médico, y luego murió"), que hay temporadas en las que no se hace de noche nunca (en verano, cuando los niños se acuestan que aún es de día, y de levantan con luz solar también...), que los microbios son unos bichos malos que se meten por el cuerpo de forma imprevisible y fastidiosa...
Al ir creciendo todo se va situando desde el principio de realidad y la seguridad que va adquiriendo el niño. La seguridad. Ahí quería yo ir. ¿Cómo se adquiere esa seguridad?
Pues primordialmente, esa seguridad queda asentada en los primeros años, sobre todo en el primero. En el período de la identidad biológica.
Cada vez más autores lo señalan, y me uno a ellos. Desde Piaget, llamándolo periódo sensoriomotor, pasando por la vertiente psicocorporal del psicoanálisis que inició Wilhelm Reich, a otros autores y profesionales de la psicomotricidad y técnicas corporales. El primer "yo" es cuerpo.
Y es la posibilidad de ese profundo contacto con la vida que llevamos dentro, que se manifiesta en nosotros, que podemos ir extrapolando a lo vivo que nos rodea, desde lo más sencillo al más complejo sistema. Antes de desarrollar el intelecto, un niño sano puede entender los procesos vitales, conectar con ellos, desde la seguridad con la que se relaciona consigo mismo. La vida tiene una coherencia, un orden, una verdad, que no necesita de grandes explicaciones.
Si a un niño se le ha permitido seguir sus ritmos, si ha podido sentirse acogido y escuchado en sus necesidades, ha ido creando la tranquilidad que le da la gran confianza básica en lo que le rodea. Se le alimentó cuando necesitó, se le dio cobijo, y presencia con cálidas miradas... Tocó miles de flores, observó animales, se miró su piel cuando tuvo una herida, sintió estirarse todo su cuerpo al encaramarse a un árbol... Cualquier situación.
Si ha habido esa primera etapa "preverbal" de base, rica, cálida, estimulante y aseguradora, entrarán las ideas y nos iremos ajustando a ellas, con equivocaciones, con fallos... pero no hay que preocuparse, existen recursos desde el cuerpo que evitan que quedemos atrapados en lo erróneo. Estamos perceptivamente abiertos a la coherencia de la vida.


 Nuestras formas de entender, pues, pasan por el cuerpo.

martes, 26 de mayo de 2015

Ada, Manuela... me habéis roto los esquemas... (¡gracias!)

Ada, Manuela, ahí estáis, habéis llegado. Ada, Manuela, pensé que no era posible y sí ha podido ser. Me resulta casi increíble, no doy crédito, me habéis roto los esquemas. Y me alegro profundamente. ¡Yo pensaba que era incompatible!. No podía ser llegar arriba sin haber trepado, sin haber machacado por el camino, sin haberse labrado a base de golpes, de empujones, una personalidad rígida, fría, distante, calculadora... ¿Cómo si no, se iba a llegar?. Se llega, sí, pero se convierte uno, una, en un ser acorazado hasta las cejas, resabido al máximo. Se entra en otros códigos de comunicación, se cambia la vida, se aleja uno, una, de lo terreno y se convierte en morador de una cima solitaria, en donde apenas cabe nadie más. Y las cosas del mundo, lo del día a día, queda tan lejos... Se ocupan grandes despachos, se deja de ir al súper o al cine, se asiste a rimbombantes reuniones, te invitan a eventos, te asesoran sobre tu imagen, y dejas de ser aquél ser... humano. Ah, pobre de mí, eso pensaba, y era una de mis pocas cosas seguras que tenía. Vaya, vaya, señoras, quién lo iba a decir...
Ahí estábais ayer, en el prime time, acariciando alcaldías de estas dos grandes ciudades... Ahí, las dos, frescas, amables, claras, sencillas y serenas... Tan, tan "normales"...Ahí estáis, atendiendo a los medios, sonriendo victoriosas, alegres, vitales. No sé si cansadas, imagino que sí, pero no lo parecíais...
Y os leo, más allá de las palabras y los discursos, os leo el cuerpo, el gesto, la mirada, la pose, el estar. Bocanadas de aire fresco siento, al veros en el movimiento. Qué bien, qué maravilla, esto es posible. Dos mujeres, dos generaciones, ahí. Con voces honestas, profundas, que dicen lo que sienten, desde la tranquilidad que da la conexión. No el hacer ver, no la imagen, no la mentira.
Vaya... señoras, me habéis roto los esquemas. Ha sido emocionante ver a dónde habéis llegado. Muchas, muchas, muchas gracias. Por estar ahí.


viernes, 22 de mayo de 2015

Querido masoquista...

Querido, querida, masoquista... Aunque no sé si llamarte así porque me harás daño... Ya pasa, ya, es tu forma de funcionar, hacer daño a los que te quieren...
Querido, querida, masoquista, digo... me viene escribirte ésto, quiero desenmascararte... me apetece... me has cansado tanto, confundes tanto, eres tan sutil...Veo tus lamentos, tus llantos desesperados y tus quejas constantes. Lo de la vida como valle de lágrimas es tu máxima y no escatimas momentos para recordarlo, justificándote con mil y una situaciones lamentables. Te observo, en las descripciones de tu día a día gris y terrible, en tus narraciones de las desgracias que te han acontecido, y voy viendo cómo te creces, sí, a medida que lo que explicas se va convirtiendo en terrible... Lo vas convirtiendo tú, por cierto. Y los que te rodean se hacen pequeñitos, se quedan chupados, gastados, flojitos... ¡qué fuerte eres!. He visto cómo, al revés del rey Midas, transformas el oro, lo precioso, en vulgaridad. Tienes ese don... Ya sea un bello paisaje, una velada entre amigos, un baño, una sabrosa comida... Entras tú y lo transformas... se deshace lo que podía parecer una ilusión... ¿lo era?. Estás ahí, buscando cómplices de la maraña que vas creando, enredados en tu victimismo. Te observo, y sí, veo que te creces ante cada nuevo contratiempo: un atasco, una complicada reunión, la enfermedad de tu familiar, la tuya... Te vas creciendo cuando sientes que te hacen daño, algunos, muchos, en los que provocas una gran agresividad. Te hieren, te vapulean, y tú, surgiendo más potente aún, los descolocas, los desarmas, los desesperas... Se te van a enfrentar y ¡zas! los tiras para atrás con tu cara triste, con pose indefensa, tu apariencia frágil e inocente...
Querido, querida... años y años de hacerte daño, de sentirte honrado y crecido, enaltecido y superior a todos los demás. Años y años de soportar estoicamente lo que se te presentara, y de ir a buscarlos en caso de no tenerlos, toda clase de obstáculos y dificultades. Años de ir mirando a los demás por encima del hombro, considerándolos pobres vulgares, que lloran, ríen, sufren y aman, y disfrutan la vida, todo lo que pueden. Tú no, tú no puedes, serías débil, ¿verdad?, ¿qué sería de la energía de la que te alimentas si buscaras el placer?
"yo puedo, yo me machaco, yo seré vuestro esclavo si hace falta, y me nutriré del desprecio, el más absoluto de los desprecios, hacia vosotros... "
Y el mayor desprecio, el más terrible, es sonreír al atacante, es no permitirle la lucha. Es entregarse a la tortura si hace falta ("Santo y mártir", ale, mejor que mejor...)
Míralo, anda, ya toca, míralo, atrévete. Mírate en el espejo y observa el gran sadismo que hay en ti. El sadismo con que te tratas, que no te dejas disfrutar... el sadismo con el que puede que te vayas matando poco a poco, día a día, si no te das cuenta... Estás a tiempo, quizás si puedas, dejar salir a la vida que quiere vivir en ti, de verdad, a la del goce sin más... quizás sí. Y el primer paso, querido, querida, masoquista... mira, ¡mira tu sadismo!








miércoles, 29 de abril de 2015

"Las 50 sombras de Grey" y el sadomasoquismo ( a falta de pan... ¿buenas son tortas?)

Hace un tiempo escribí por aquí acerca de lo que presagiaba esta película, y llevaba a la reflexión a partir de otra, que podía ser su predecesora, la de "9 semanas y media".
Hace ya días que vi "50 sombras de Grey" y hasta ahora no me he puesto a comentar nada, que lo tenía pendiente, por varias razones, y una de ellas es que el film me resbaló. Sí, tal cual, me resbaló y no dejó ni huella prácticamente. Creo que no me emocionó ni una escena. 
De todos modos, hoy rescato el recuerdo escaso que tengo de la película, (porque se sigue hablando de ella y más o menos ha tenido su repercusión), para que nos planteemos juntos acerca del sadismo y el masoquismo. Actitudes, rasgos de carácter, que diríamos desde mi formación psicocorporal de base psicoanalítica. 
Y quiero hablar de ello pensando en los jóvenes de hoy, los chicos y chicas adolescentes, que no llegan a los 20 y que inician sus relaciones, sexo incluido.
Siguiendo con pantallas y medios de comunicación veo que hay una campaña para prevenir la "violencia de género" desde televisión. Una adolescente aconseja a otra que deje a su novio, que la controla contínuamente y la tiene desesperada.
De eso va la película a la que me refiero aquí. Un joven poderoso contacta por casualidad con una jovencita estudiante que va a su casa a entrevistarlo. Se atraen mútuamente, pero lo que parecía el inicio de una relación normal entre dos guapos, se enturbia por los caprichos sexuales de él, que le pone unas condiciones de esclava sexual a la chica. Y ella... se lo piensa y hasta entra al trapo... con sus dudas, su sufrimiento, su ignorancia, su curiosidad. Y prueba... a ver...
En su día leí a Wilhelm Reich y su descripción de los caracteres, y profundicé, porque me pareció muy acertado, su descripción del sadismo y, sobre todo, el masoquismo. Y quiero rescatarlo aquí e invitar a quienes les aperezca a buscar a este autor y reflexionar sobre lo que expresa.
No son formas naturales de manifestar el goce de vivir, ni lo uno ni lo otro. Pero algo se tuerce en nuestra libre pulsión de vida y nos pervertimos, buscando, por supuesto, la vida que quiere vivir en nosotros, (que nos trae la excitación y la dicha), los caminos que sean, que puedan ser, para minifestarse. No nacemos dotados naturalmente de ganas de machacar ni de que nos machaquen. ahí discrepó totalmente W. Reich de su maestro Freud con su instinto de muerte. Y yo estoy totalmente de acuerdo. Eso no está en la base de ningún ser vivo.
Pero se llega ahí. Se disfruta con la destructividad y se disfruta, sí, con el dejar que le peguen a uno, que lo humillen, que lo denigren... En los niveles que sea, desde el más sutil al más escandaloso. Todo, toooodo antes que sucumbir a lo anodino, todo por escapar del no sentir o de la tensión estancada que no se manifiesta. Hay muchas razones que nos llevan a desviarnos del goce natural de vivir y de disfrutar con los demás.
Cuando se nos han cortado los caminos de expresión de una sana sexualidad, de una sensualidad con la que venimos al mundo, resulta que la energía queda estancada en nuestro cuerpo (en el del niño al que han prohibido tocarse los genitales, en el de la niña que la han mirado mal cuando se rozó sensualmente con su amiguita, en el del grupito que jugaba a médicos...). Quedó una fuerza ahí reprimida, que busca salir como sea. En esas circunstancias, y todo muy corporal (no razonamientos), va a suponer una descarga el pegar o que te peguen. Va a ser una forma de movilizar lo que se paralizó. Y ahí se instala la excitación al final, y nos creemos que es genuino y que lo llevamos con nosotros. Si no hay otra manera, ésta ya está bien, dice el cuerpo, ¡al menos siento que estoy vivo!, ¡me excito!. Y dejamos aflorar el goce desde la perversión sin poder conectar con otras formas: "me encanta pegar, disfruto descargando sobre su piel mis latigazos...", o "me derrito cuando noto sus azotes en las nalgas...". Bueno, nos quedamos en eso, qué se le va a hacer... puede que..." A falta de pan, buenas sean... tortas"




domingo, 26 de abril de 2015

¿qué es hacer terapia? (psicoterapia)

Quiero dedicar aquí, hoy, estas líneas, para explicarlo un poco desde mi punto de vista.  Por conversaciones en las que he estado, comentarios que escucho, gente con la que trato, siento que no queda claro ésto de qué es hacer terapia y que en general a las personas les cuesta situarse. Mucho, la verdad.
Estamos en un mundo tan disperso y tan cambiante, con estimulación e información diversa y contradictoria, que vamos recibiendo de un lado y de otro, tratamos de utilizar mínimamente algún criterio, pero nos falta tiempo para poder situarnos bien y filtrar. Separar el grano de la paja es complejo.
Y hablando sobre terapias, sobre psicoterapias, hay mucha confusión, es tanto el desconocimiento y tanto también el abanico de posibilidades que se ofrecen desde el mercado de los charlatanes curalotodo, que me apena que la gente no sepa qué le puede ofrecer y cómo le puede ayudar a vivir más plenamente su día a día.
¿Qué es hacer terapia?. Tal y como yo lo entiendo es entrar en un proceso de autoconocimiento. Llegar a los porqués desde la superfície de apariencia, que es lo primero que ofrecemos las personas, para adentrarnos en los motivos, y los motivos de los motivos, en un camino que lleva a ir quitando capas, una tras otra, para llegar a niveles profundos del ser. Una tras otra, lentamente, respetando el ritmo que marca el cuerpo... en un sendero doloroso, aunque liberador.
Mi enfoque psicocorporal me lleva a trabajar este proceso desde el cuerpo. Porque el cuerpo fue antes que el verbo, en el cuerpo están ancladas sensaciones y emociones primeras. Mucho antes de que madurara el córtex cerebral hemos vivido en nuestro ser, nuestro biosistema, intensas experinecias de placer y dolor. Y han quedado ahí, grabadas en nuestros órganos, y se han manifestado, las dolorosas, a veces en forma de miedos repentinos, angustias que no se explican o molestos síntomas corporales.
Hacer terapia es un viaje en el tiempo, es volver a ese pasado, a esos momentos en los que hubo una herida en nuestro ser, para abordar desde el presente la posibilidad de sanación. El cuerpo sabe, la vida quiere vivir, pero a veces ha sido demasiada la carga y en la defensa por sobrevivir nos hemos creado una coraza protectora que ha sido nuestra arma de doble filo.
Es lo que expuso Wilhelm Reich, creamos nuestro carácter para protegernos de un ambiente que no nos permite desarrollarnos plenamente, y quedamos anclados en él, a su servicio, sin posibilidad de ver más allá, encogidos, metidos en un traje que en un momento dado de la vida, lo sentimos pequeño, nos aprieta... ¡nos ahoga!.
Hacer terapia es recibir en un momento dado de la vida la compañía de otro, una persona que ha vivido también su proceso y que conoce las formas del arte de ir ablandando rigideces. Es poder retroceder y enfrentarnos a lo que tanto tememos, pero ahora con la fuerza que nos ha hecho encontrar esta otra persona que está ahí, y nos dice lo que nos faltó oír en un momento dado: "tú puedes", "tú ahora tienes recursos". Y es cierto. Bajamos a nuestro infierno como algunos llaman, y empezamos a ver de frente nuestros fantasmas. Y tras el escudo protector, surge el ser humano temeroso, deseoso de amor, frágil. Y lloramos, gritamos, sacamos la rabia, para que surja, al final, el ser vivo que desea gozar de la vida.
Es enormemente gratificante contactar con nuestra realidad profunda. La conciencia de esa vulnerabilidad llega a hacer invencible a la persona, que conecta con su núcleo. Y conectar con uno mismo hace también poder ir hacia el otro, de verdad, sin disfraces.
Ese es el camino de la terapia, diferente para cada persona pero con muchos denominadores comunes. La terapia permite que empecemos a tomar las riendas de nuestra vida para una existencia sentida realmente.





lunes, 6 de abril de 2015

BIOFUNCIONAL

Hace ya un tiempo rescaté este término. Esta palabra que habla de vida y de funcionalidad. ¿Se ha escuchado en algún lugar?, ¿se ha leído?, ¿suena de algo a la gente?. Poco, creo que muy poco. Es curioso porque otros términos, quizás hasta más raros y hasta poco pronunciables, sí empiezan a tener un hueco en las conversaciones, y los vamos incorporando con cierta familiaridad. Ummm, iba a poner algunos ejemplos, pero me he frenado, no me apetece.
El caso es que éste sí que quiero desde aquí destacarlo y hablar un poco de él, de su historia. "Biofuncional". Yo lo he empezado a emplear en mis talleres de movimiento y expresión, esos que han tomado matices de erotismo, como no ha podido ser de otro modo, de danza, por supuesto, y de organicidad. Esos talleres que siento que salen naturalmente de mí, por mi vida, por lo que he recibido y hasta mamado.
Mi particular enfoque, con los mediadores que he aprendido a utilizar, ya sean pañuelos, máscaras, bombines o luces, me viene como resultado de mi trayecto. Como si fuera el curso de un río, mi vida me ha llevado a crear estos talleres, y llevar estos grupos de gente que se va acercando, se va interesando, y entra, poco a poco, en la harmonía de movimientos muy vivos, que salen de dentro, que no atienden a estéticas. Desde estar con uno mismo, vamos buscando al grupo, siguiendo el ritmo que nace en cada cual, y una vez en el grupo, vamos notándonos reconocidos y entrando en dinámicas muy particulares de expresión. El ambiente lo permite, lleva a soltarse y a dejar que vaya el cuerpo por delante de nosotros, que nos sorprenda...
Mi querido colega Helder Vera, allá por los tiempos de formación que compartimos en Valencia, compartió también conmigo su dedicación a la danza biofuncional, como él llamó. A su estilo, el mismo enfoque, dejar que la vida vaya apareciendo en el ser humano, que vaya vitalizándose el cuerpo buscando el placer de moverse. Término éste, biofuncional, que empleó Wilhelm Reich para referirse a eso, a lo que es útil para la vida, lo que nos va bien, lo que nos energetiza. Helder, con su procedencia, con su historia, hizo en su momento (y si no hace ahora le animo encarecidamente a que siga en ello) sus ricas propuestas de danzas tribales, rotundas, (recuerdo), fascinantes... México en estado puro.
Lo mío lo recojo de mis juegos familiares de niña, de hija de inmigrantes en una tierra en la que se empezaba  de nuevo y había prósperos horizontes... lo mío viene, lo sé, de mujeres sencillas que iban a lavar al río y hacían una fiesta... y manteaban a sus pequeños y jugaban a la gallina ciega a veces, o a la silla con canciones... lo mío tiene tintes andaluces. Luego he añadido barnices, y formación, y ahora en concreto estoy encantada y vibro con el movimiento orgánico de Alfa Institut.
En cualquier caso, se trata de ayudar a que la vida viva en nosotros. Como me ha dicho Helder hace poco:



¡Biofuncionemos!. Es una invitación.

(foto tomada en uno de los últimos talleres, en Manantial de Luz, Barcelona)